Millones todavía usan leña en México. Dañan sus pulmones. La COVID-19 tiene gusto por ésos

Por Dulce Olvera

Las enfermedades respiratorias por uso de leña en fogones abiertos pueden agravarse por la COVID-19, por lo que más de 6 millones de habitantes de 106 municipios rurales están en riesgo, alerta un informe que propone el uso de estufas ecológicas.

Usaba mucha leña, se hacía el calor, el señor iba a traerla, pero nomás le duraba una semana lo de una carga, unos ochenta leños, cuenta Martha, de San Francisco Uricho, Michoacán, quien ya usa estufa ecológica, y, dice, al echar menos leña ya no se humea. Todo esto que se ve humeado, comenta al señalar el techo de su cocina, es cuando tenía la otra estufa con chimenea deficiente. “Y yo me imagino así tendrá mis pulmones”, rió.

La exposición crónica a altas concentraciones de contaminantes por el uso de leña en fogones abiertos sin estufas eficientes en 106 municipios rurales principalmente en el centro y sur del país es factor de riesgo por la COVID-19 para 6 millones de habitantes, sobre todo para mujeres, advierte un informe del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), la UNAM y el Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada (GIRA), asociación civil que impulsa el empleo y mantenimiento de estufas ecológicas.

Más de 28 millones de mexicanos (el 23 por ciento de la población) usan leña para cocinar, calentarse o reunirse, lo que puede provocar enfermedades respiratorias e incluso cáncer pulmonar que el coronavirus agrava. Su uso va en aumento porque ante la crisis económica derivada de la pandemia, familias que cocinaban con gas LP se han pasado a este recurso por su cercanía y bajo costo o porque se debilitaron los canales de distribución del gas, agrega el documento. Un 48 por ciento de usuarios utiliza la leña de manera exclusiva y otro 52 por ciento en combinación con el gas sin abandonar a la leña por cuestiones culturales y económicas.

De los 106 municipios sobre todo de Chiapas, Guerrero, Estado de México, Oaxaca, Puebla, Veracruz, y también de Chihuahua, Campeche o Yucatán,”identificamos 34 municipios altamente críticos en donde la combinación de un uso intensivo de leña en fogones abiertos, pobreza y altitud los convierte en áreas de gran vulnerabilidad al COVID-19 y a sus complicaciones”, expone el documento, además de por su lejanía a centros médicos y la falta de seguridad social. Conjuntan 1.7 millones de usuarios de leña, con 80 por ciento de la población en pobreza y se encuentran situados en la Sierra Tarahumara, los Altos de Chiapas, Sierras de Puebla, Veracruz, Estado de México y Michoacán, así como Oaxaca, Durango, Hidalgo y Guerrero.

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Mujeres chiapanecas cargan leña. Foto: Cuartoscuro.

María, de Nocutzepo, Michoacán, también recuerda que en su cocina de piedra “había mucha humadera” y no se regaba. “Yo no sabía que me estaba afectando. Una vez fui a un doctor y me preguntó si fumaba mucho porque tenía el pulmón muy ahumado. Le dije que no. Entonces me dijo que era por el humo de las tortillas, del comal. Pensé que era malo el humo. Se salían de mi cocinita por la humadera y el calor que no se aguantaba. Me daba tos”, compartió quien también ya usa estufa ecológica. “Antes gastaba por cargas, no me duraba, y ahorita queda dos o tres leños”.

Las comunidades donde se utiliza leña y además están por encima de los mil 800 metros sobre el nivel del mar presentan un riesgo mayor por un descenso en el aporte de oxígeno al cuerpo humano debido a la menor presión atmosférica.

En entrevista desde Michoacán, uno de los autores de la investigación Omar Masera Cerutti, especialista en bioenergía y ecotecnologías del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, especificó que la leña por sí misma no es un problema, ya que es un recurso en el país un 80 por ciento renovable y la gente la tiene a la mano. El problema es no usarla en estufas bien construidas con chimeneas para sacar el humo de las casas.

EL USO DE LEÑA PESE A DAÑOS PULMONARES

El uso de la leña está arraigado en comunidades rurales e indígenas por su relación cercana con los bosques. Además de cocinar, porque da un sabor especial a los alimentos y es más económico que el Gas LP pues solo deben recogerla, también se utiliza para calentar la vivienda, para reunirse alrededor del fuego, para calentar agua o para espantar a los mosquitos, dijo Víctor Berrueta Soriano, coordinador del Programa de Energía Rural del Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada (GIRA) con sede en Pátzcuaro.

Omar Masera, autor del estudio y experto de México ante el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), dimensionó que en México hay 250 mil localidades de las cuales en 95 mil hay un acceso directo a la leña local mientras en muchos casos no tienen recursos económicos para gastar en Gas LP. Además casi el 40 por ciento de la población mundial cocina con leña, por cuestión cultural para preparar, en el caso mexicano, la tortilla, tlayuda y tamal en el comal, según la región.

Sin embargo, en el caso de fogones abiertos la exposición a los contaminantes como partículas suspendidas (PM) y monóxido de carbono por humo de leña debilita los mecanismos de defensa del organismo (respuesta inmune) y se ha asociado no solo a enfermedades respiratorias agudas, como infecciones, si no también a crónicas como la bronquitis crónica o al cáncer pulmonar, alerta el informe.

“La COVID-19 puede exacerbar varias de las enfermedades concomitantes, ya de por sí un evento adverso, ya que se incrementa el uso de servicios de salud y sus gastos, las hospitalizaciones y las muertes. También se incrementa el riesgo de muerte”, detalla el estudio. “La exposición a humo de leña daña la barrera mucosa y los cilios que ayudan a capturarlo y expulsarlo. También afecta la capacidad antimicrobiana del líquido que recubre las vías aéreas. Los glóbulos blancos capturan y digieren microorganismos que entran en las vías respiratorias; este mecanismo está deteriorado en quienes están permanentemente expuestos al humo de leña porque los glóbulos blancos se llenan de partículas de carbón”, argumenta el documentado del INER, INSP, UNAM y Gira.

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Una mujer maya cocina el Mucbipollo o Pibipollo, que lo realizan el Día de Muertos debajo de la tierra mantenido con leña, piedras calizas y varas de ciruela cubiertas por hojas. Foto: Cuartoscuro.

Víctor Berrueta, de la asociación civil GIRA que ha sensibilizado a comunidades rurales sobre las consecuencias del uso de leña en fogones abiertos, contó que la gente sabe que les causa tos, le arden los ojos y a la larga tienen problemas de insuficiencia respiratoria.

“Son conscientes de que les hace daño el humo. Sin embargo, es como los hábitos que tenemos pese a que nos dañan, como usar la computadora en una mala posición, usar en exceso el celular con el cuello agachado mandando mensajitos, pues sucede igual. Es tan cotidiano cocinar con el humo de leña que se acostumbran a ello”, afirmó.

LAS ESTUFAS ECOLÓGICAS, LA OPCIÓN ALIADA

El Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada (GIRA) ha impulsado el uso de las estufas ecológicas desde 2003, cuya tecnología permite disminuir la combustión y uso de leña (y con ello minorizar la tala de árboles no sustentable), y los conductos internos sacan el humo a través de una chimenea afuera de la cocina para evitar los graves problemas de salud.

“Alrededor de 5.5 millones de familias en México necesitarían estas estufas ecológicas”, planteó Víctor Berrueta, coordinador del programa rural de GIRA. “En los últimos ocho años a través de programas de gobierno, de fundaciones o de organizaciones no gubernamentales se habrán difundido un millón de estufas”.

Pero el problema es que se requiere un seguimiento de largo plazo para asegurar su calidad y que haya refracciones porque se llegan a gastar o se implementan mal por carecer de capacitación, por lo que, aventuró, probablemente 500 mil ya están en mal uso por falta de reparación.

En programas de estufas ecológicas de San Luis Potosí y Michoacán se han observado disminuciones de los niveles de PM2.5 de entre 25 y 75 por ciento con respecto al fogón abierto, con lo que se logran beneficios a la salud. Los modelos más robustos de estufas pueden ventilar hasta 95 por ciento del PM y 99 por ciento del monóxido de carbono de la cocina, logrando concentraciones en la cocina que cumplen con la norma de la Organización Mundial de la Salud (OMS), documenta el informe.

“No basta regalarlas sino asegurarse que se usen de manera adecuada para que el humo no permanezca en la cocina”, reiteró Berrueta.

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Una mujer usa una estufa ecológica con leña. Foto: GIRA.

Otra alternativa son las estufas de Gas LP, pero por razones de costo, geográficas y culturales no reemplazan totalmente a la leña, por lo que las familias normalmente continúan utilizando su fogón tradicional. Aunque el uso combinado de estufas de GLP con estufas eficientes de leña permite lograr beneficios sustantivos para los pobladores, al lograr concentraciones de contaminantes que también cumplen con la norma de la OMS.

“Para el uso de cocinar a nivel rural, hay alternativas como el biogas o tecnologías solares. Sin embargo, la leña es un recurso muy arraigado que difícilmente será abandonado por las comunidades rurales porque la tienen cerca. Las estufas solares funcionan bien, pero son muy limitadas en su rango de acción en el tipo de platillos, si llueve o si no hay sol. El biogas es interesante, pero depende que se tengan animales para generarlo”, agregó Berrueta.

“Ayudan energías renovables limpias, pero no es una solución inmediata ni mágica. Más bien lo que habría que buscar es una complementariedad de combustibles y de recursos, como estufas eficientes y seguras para el manejo de la leña”.

En la misma línea, el investigador Omar Masera Cerutti, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, dijo que es importante que haya cada vez mayor apoyo y acceso a energías renovables, como calentadores solares.

“Las fósiles son centralizadas y es difícil acercarlas a las comunidades rurales marginadas. En cambio las renovables por su forma están en todos lados”, argumentó.

En el marco de la suspensión de 44 proyectos de energía eólica y solar –listos y en construcción— que prioriza a Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para garantizar el abasto de energía eléctrica, la Secretaría de Energía Rocío Nahle García aclaró en entrevista con Aristegui Noticias que es obligación del Estado el mantener el balance entre energías fósiles y renovables por la intermitencia de éstas últimas, pero aún así respetan los 110 contratos petroleros y tres subastas de energía eléctrica del gobierno pasado.

“No se trata de buenos y malos, no se trata de públicos y privados, sino de encontrar el equilibrio y es lo que estamos haciendo para tener un orden con el sustento jurídico”, dijo. “Es caso por caso analizar si es factible y entra. Si no es factible, se les dice que no porque no entra dentro de la confiabilidad del sistema nacional eléctrico (capacidad de abastecer energía)”.

Ante la serie de amparos que vendrán de las empresas que invirtieron, aseguró que están en su derecho y no han roto el diálogo. Sobre los reclamos de Canadá y la Unión Europea, con inversión extranjera, afirmó que hablará con ellos.

“El sistema eléctrico nacional es de interés público, no de interés privado. Es mentira que digan que estamos en contra de las renovables, si es hacia donde va toda la humanidad. Tenemos 31 por ciento de infraestructura para producir energías renovables. De la hidroeléctrica tenemos más de 60 presas con capacidad para producir el 16 por ciento de electricidad, las eólicas tienen 7 por ciento y las solares 4 por ciento. Vamos caminando en forma ordenada”, documentó Nahle.

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