Vitamina D, una aliada para frenar la letalidad de la pandemia

Un ensayo clínico llevado a cabo por el IMIBIC, en Córdoba, España, podría proporcionar un paso gigante en la lucha contra la pandemia.

Investigadores del IMIBIC de Córdoba (España) están en fase de pruebas para constatar una causa-efecto directa entre la vitamina D3 y la respuesta de nuestro sistema inmunológico ante el coronavirus. Se evitará en gran medida la necesidad de respiración artificial en los casos más graves y se acortará la estancia hospitalaria.

Un ensayo clínico llevado a cabo por el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), en Córdoba, España, podría proporcionar un paso gigante en la lucha contra la pandemia.

Según los investigadores, con el tratamiento que, está aún en fase de prueba, se reduce hasta en un 25% el ingreso en UCI y la duración del periodo de hospitalización.

El tratamiento es denominado COVIDIOL, término que proviene de la mezcla de Covid-19 con el principal protagonista de este ensayo, el Calcifediol, una forma de la Vitamina D3. Por el momento, se ha conseguido en una primera fase de ensayos, limitar las dificultades respiratorias agudas propias de los pacientes más afectados.

Uno de los beneficios ya testados en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba es que se evita a los pacientes adultos recién hospitalizados la necesidad de respiración artificial asistida, que es muy invasiva o la presencia de un pulmón artificial que oxigene la sangre.

Precisamente, la carencia de respiradores fue uno de los lastres que llevaron al sistema sanitario español a zozobrar en el momento más grave de la crisis.

“Hay que tener en cuenta que estamos aliviando la hiperrespuesta de nuestro cuerpo”, explica uno de los ‘padres’ de este proyecto, el doctor José Manuel Quesada.

“Una vez que se produce la infección, los alveolos padecen una respuesta inflamatoria brutal, donde las células encargadas de defendernos y otras sustancias los colapsan, imposibilitando una respuesta respiratoria. Pero esta misma puerta de entrada del virus, podemos usarla para nuestra defensa”, de eso trata este ensayo.

Los investigadores del IMIBIC, José López Miranda, director de Medicina Interna del Reina Sofía y José Manuel Quesada Gómez, Profesor Honorífico de la UCO, contaban desde un punto de partida con que el calcifediol atenúa el síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA).

“Tuve claro que una solución debía venir por el sistema endocrino de la vitamina D, el calcifediol, el día 19 de marzo ya habíamos patentado con el sistema público de salud esta línea de investigación”, recuerda el Doctor Quesada Gómez, con toda una vida ligada a la investigación endocrinológica y a la vitamina D. Aunque a sus 77 años ya está jubilado, volvió al IMIBIC para guiar este proyecto.

Por el momento, los ensayos realizados en Córdoba en pacientes han ofrecido una respuesta que el equipo califica de “extraordinaria”. Ahora toca pasar a la fase protocolaria de testar en otros diez hospitales de Andalucía, Ciudad Real, Valencia, Madrid y Barcelona.

La esperanza de este equipo, es confirmar que se puede reducir el riesgo de intubación y la gravedad de la enfermedad.

“Si se administra precozmente a los ingresados en el hospital la D3, conseguimos que la defensa del organismo ocurra de una manera más acompasada, así coseguimos que los alveolos no se inutilicen y que, por otro lado, la inflamación pulmonar no se perpetúe”, detalla el Dr. Quesada.

“Al acabar con la inflamación, se evita la hipercoagulación, que es otro de los efectos de este virus con peligrosos trombos por todo el cuerpo, con lo cual no entramos en la crisis multiorgánica que acaba matando a los pacientes”.

Una de las bazas más importantes para el éxito de este ensayo es que se trata de aplicar un tratamiento muy conocido, sin puntos oscuros en su aplicación. Y además de ser seguro, es barato y muy efectivo, sobre todo en las fases del tratamiento sanitario más crítico. Esta iniciativa es, junto con otras ocho, parte de las campañas de la Junta de Andalucía para integrar nuevos usos contra la Covid-19, de medicamentos ya autorizados para otras enfermedades.

Todos la quieren pero pocos saben cómo usarla

A estas alturas, con la vacuna aún en un horizonte lejano, científicos e investigadores de todo el mundo focalizan sus esfuerzos en el papel preventivo y paliativo de la vitamina D.

Existe un consenso claro, su carencia está ligada a más riesgo de infección viral respiratoria aguda, así que por “principio de prudencia, aunque no hay evidencias directas hasta ahora, se asume que se tendrá el mismo resultado que se da en otros coronavirus y enfermedades respiratorias crónicas al suplementar con vitamina D”, explica el Doctor José Luis López-Campos, neumólogo del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) y también experto en el papel de esta vitamina.

En las últimas semanas, laboratorios y universidades de todo el mundo coinciden: la carencia de Vitamina D es sinónimo de una mayor letalidad en los coronavirus.

La Queen Elizabeth Hospital Foundation Trust, la Universidad de East Anglia , equipos de Irlanda y el Reino Unido o la Universidad de Northwestern, de Illinois, EU ofrecen los ejemplos más recientes que respaldan la línea de investigación del Doctor Quesada y de López Miranda en Córdoba, que podría suponer un paso definitivo en la confirmación de la D3 como arma contra Covid-19.

El doctor López-Campos destaca “el poder balanceador de la vitamina D en nuestro sistema inmunológico” y la pertinencia de contar con ella “como aliada preventiva, sobre todo en personas de avanzada edad y con enfermedades de respiración crónicas”.

¿Pero qué pasa con el resto, cómo son nuestros niveles de vitamina D?

Pues sorprendentemente, no son halagüeños. La Vitamina D se metaboliza en un 20% por la alimentación y el resto, por la epidermis a través de irradiación solar.

Cabría suponer que, en sociedades con mayor exposición a ésta, con más horas de sol, deberíamos andar sobrados de vitamina D y de una respuesta inmunológica ejemplar. Pero no es así, la letalidad del virus es mucho más alta en países como España o Italia, ¡prodigios del sol mediterráneo! que en otros más acostumbrados a cielos encapotados y vida indoor, como Suecia o Finlandia.

El Dr. Quesada, que desde los años 80 ha realizado investigaciones comparativas de estos índices, señala una “falta de cultura del sol, y cambiar eso cuesta mucho, por eso me gusta recordar lo que siempre se ha dicho: donde entra el sol, no entra el médico”.

Pese a las horas de irradiación solar, durante la mayor parte del año, los rayos del sol inciden sobre países como España o Italia de una manera muy oblicua, pues estamos en el hemisferio norte, en el paralelo 36, “eso hace que metabolicemos el sol a partir de abril o mayo, pero en el sur de España, por ejemplo, durante esos meses evitamos el sol por el calor, nos reguarnecemos de él, todo lo contrario a la cultura de países del norte”.

Lo cierto es que las personas mayores que hay en las residencias, prácticamente en un 100% de los casos, tienen carencias de vitamina D. Quesada lleva décadas batallando contra la percepción del “mito del sol español, por el que se cree que recibimos sol suficiente y no necesitamos complementar nuestra vitamina D”.

En comparativa, destaca lo idóneo de programas adoptados en países del norte de Europa, “en Finlandia, por ejemplo, llevaron a cabo un programa de suplementación con colecalciferol, vitamina D3, en los alimentos, lo que les ha llevado a tener niveles más altos que los de países mediterráneos”.

El sol como aliado, es algo que podemos integrar en nuestros hábitos cotidianos y que más allá de un beneficio genérico, puede ser paliativo en la crisis sanitaria actual.

No obstante, hay otras visiones que la comunidad de investigadores comparte y que, desde nuestra mera rutina, pueden beneficiarnos. “Me llama la atención que se hable tanto de la vitamina D, pero también se debería prestar mucha atención al tabaquismo”, reflexiona el Dr. López-Campos, “está evidenciado que el tabaco aumenta los receptores por los que entra el virus en el cuerpo”. Que el tabaco mata, como mantra repetido hasta la saciedad, cobra doble relevancia en tiempos de coronavirus.

“Un fumador activo tiene más riesgo de padecer una infección y de que ésta sea más grave”, explica López-Campos. De hecho, otro reciente estudio de la Universidad de California revela que el 30% de fumadores desarrollaron formas más severas de Covid-19 que no fumadores, que lo hicieron en un porcentaje del 17,6%.

Lo más preocupante es que “con el confinamiento, el tabaquismo como adicción se está viendo agravada en muchos casos. Es una enfermedad que debe ser tratada y la gente no es consciente de la gravedad”.

La OMS acaba de hacer un llamamiento exhortando a dejar de fumar en todas sus modalidades, recordando que el tabaquismo mata a más de ocho millones de personas al año en todo el mundo.

Que esta pandemia la superamos todos juntos, también es un mantra, pero no por repetido deja de ser cierto. Cambiar hábitos alimenticios, mejorar nuestra exposición al sol, apagar el cigarrillo para siempre, más allá de beneficios genéricos, pueden ayudar a frenar la pandemia. También está en tu mano.

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