De jugarse la vida en el ruedo a combatir el virus en hospital

Es torero y licenciado en Administración de Empresas, pero hoy se dedica de tiempo completo a ser camillero y asistente de enfermero; ha visto a sus compañeros contagiarse.

Arturo Soto se ha enfrentado en los ruedos con toros de más de media tonelada de peso, pero ahora combate a un enemigo tan pequeño que ni siquiera se puede ver a simple vista, pero que también es mortal: el coronavirus que provoca la enfermedad Covid-19.

Cuando inició la emergencia sanitaria, el joven torero, que en octubre de 2018 recibió la alternativa de Eulalio López, El Zotoluco, para convertirse en matador, y que desde hace cinco años labora en el área de infectología del hospital Central Norte de Petróleos Mexicanos, decidió salir de su casa para no exponer a su familia, pero dispuesto a “dar la vida si es necesario”, trabajando en el área Covid.

“Inicie aquí como doméstico (personal de limpieza); aprendes que no se trata nada más de limpiar en un área y luego llevarte el trapeador a otro lugar y limpiar, porque puedes transportar gérmenes o bacterias que matan personas, tiene su chiste. Aunque los respeto y quiero muchísimo al personal doméstico, ahora tengo mi tarjeta de camillero y también tengo mi tarjeta de asistente de enfermería; no soy enfermero porque para eso debe estudiar, yo soy licenciado en Administración de Empresas”, explica.

Lejos del traje de luces y el capote, el trabajo de Arturo consiste en trasladar a los pacientes, darles “posición” y ayudarlos a bañarse. Con la pandemia, sabe que los riesgos se han multiplicado, lo cual ya es evidente en algunos de sus compañeros.

“La verdad es que sí da miedo, me da mucho miedo; pero si tú no superas esa línea te vas a hundir, eso fue algo de lo que me dejó mi abuelo como experiencia de vida”

Arturo Soto
Torero y camillero
“Un gran amigo, un doctor, estaba desde el principio en la primera línea; él era quien recibía a los primeros pacientes que llegaron con Covid (…) me enseñó desde como desvestirnos , porque no te puedes quitar el equipo y aventarlo así nada más, tienes que ir desinfectando pieza por pieza, y ahora está intubado y delicado por esta enfermedad”, narra con la voz quebrada.

Lo que a Arturo, quien ya sabe lo que es pisar escenarios tan imponentes como la Plaza México, más le impacta es recibir pacientes; por ejemplo, un hombre de 35 años de edad que apenas el martes llegó a urgencias con respiración al 50 por ciento, por lo que de inmediato fue intubado, pero su pronóstico es reservado.

“Traigo como flashazos de caras que he visto llorando, también a padres decirles adiós a sus hijos, o pedirles a sus esposas que cuiden a los hijos, eso me pega anímicamente, con decirte que no he comido (es casi medianoche cuando se realizó la entrevista)”, cuenta a La Razón.

Lidiar con la muerte en dos escenarios tan distintos lo ha curtido, pero el miedo persiste:“la verdad es que sí da miedo, me da mucho miedo; pero si tú no superas esa línea te vas a hundir, eso fue algo de lo que me dejó mi abuelo como experiencia de vida y que mi padre y mi madre han reforzado”, cuenta el joven.

La Razón

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