Con dos varas miden al comercio

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
El estrés por el confinamiento y la desesperación por obtener ingresos llevó a los locatarios de la calle cuarta de Chihuahua capital a enfrentar a los inspectores de la subdirección de gobernación, que acudieron a cumplir con las disposiciones administrativas impuestas para evitar la propagación de la peste.
En algún momento los ánimos se caldearon provocando un zipizape entre locatarios y vendedores ambulantes contra los inspectores, por lo que la fuerza pública acudió para apaciguar los ánimos.
Esta situación se ha repetido a lo largo y ancho del país, en gran medida debido a la ambigüedad del gobierno de la república por no haber sido determinante para decretar, con autorización del congreso federal, el paro total de actividades económicas de alto riesgo. Haya sido por hipocresía dogmática o por rentabilidad política, lo cierto es que el Estado de derecho descansa en el limbo.
Frente a esta ambigüedad gubernamental y ante la durísima situación que millones de mexicanos están viviendo por la peste y la falta de ingresos para alimentar a sus familias, se ven obligados a romper las disposiciones sanitarias.
La falta de liderazgo en la conducción del país ha propiciado también que los gobernadores y los alcaldes impongan medidas que violentan la carta magna, tal es el ejemplo del toque de queda impuesto en ciudad Juárez, por órdenes del munícipe, y quizás con la anuencia del mandatario estatal. Esta es una flagrante violación al 11º. Constitucional (libertad de tránsito), y no lo sería si el presidente hubiese echado mano del 29º de la norma suprema.
El maniqueísmo del presidente de México pretende colgar las broncas a los ediles, porque son los municipales los que deben plantar cara cuando se rompe el orden. Nada le hubiese costado al titular del ejecutivo federal fajarse, con la misma solvencia que abre el pico, para imponer por mandato constitucional las medidas restrictivas donde se necesita, como en Juárez, BC, CDMX, EDOMEX, Sinaloa, Tabasco y Q. Roo, donde la peste se ha expandido descontroladamente.
Por estas posturas dubitativas del gobierno de México, es que gobernadores y alcaldes hacen lo posible para contener la propagación de la peste, aun en contra de lo que mandata la constitución y con los recursos limitados, ya que el gobierno centralista se lo queda casi todo.
Aunado al desorden de coordinación entre los órdenes de gobierno, verbigracia de los celos partidistas y por la ansiedad de asumirse progenitor del éxito de haber contenido los contagios y aplanado la curva de decesos, si es que a llega a existir, o batear el fracaso, cuando se conozca la magnitud real de los estragos; todos, sin excepción, aplicaron doble vara al comercio.
Si han sido permisivos con las cadenas de supermercados y tiendas de conveniencia, ¿por qué carajos no lo hicieron con los mercados populares, tianguistas y vendedores ambulantes?, ¿acaso unos son humanos y los otros alienígenas?.
Más del 57% de la población económicamente activa de este país se dedica al comercio informal. No dudo que muchos lo practican como deporte nacional para evadir el pago de impuestos, pero estoy seguro que muchos otros lo hacen por la necesidad para ingresar lo indispensable y poder alimentarse, vestirse, y si acaso estudiar y divertirse. A muchos de ellos la revolución, el cambio y la transformación no les han hecho justicia.
¿Qué les cuesta permitir a estos mexicanos organizarse adecuadamente y respetando las medidas sanitarias, vender su mercancía?. Así como entramos a supermercados y tiendas de conveniencia, donde por cierto pagan salarios de miseria (clásico en países tercemundistas), con mascarillas, gel al alcance y guardando la debida distancia, igualmente se puede hacer lo mismos con estos comerciantes, porque también les da hambre y tienen otras necesidades.
Sin restarle importancia a la gravedad de la situación, sí se ha aplicado doble rasero en el comercio. Solo un imbécil (cualquier semejanza con algún gobernante de moda es mera coincidencia) se creería que con unos pesos diarios en la tarjetita guinda alcanza para alimentarse, que las despensas duran un mes o que cajitas de pan van a saciar el hambre. Por favor, no mamen, y perdonen la expresión.
A esta bronca todavía le zumba, va para largo. Por eso creo conveniente que las autoridades municipales asuman un papel más humano y tomen el liderazgo para proteger si, a los empleados de cualquier industria, como también a los de gobierno; sin embargo, es imperativo medir con la misma vara al comercio de los alimentos; todos comen y todos necesitamos comer. Por lo demás, no se preocupen, tempos traen tiempos.
Es cuanto.

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