Matanza del Templo Mayor: el hecho que cambió el curso de la Conquista

Por Raúl Campos

Especialistas detallan a La Razón que dicho evento dio pie a la única gran victoria de los mexicas sobre los españoles; Martínez Baracs señala que debe dejar de verse con una perspectiva victimista.

A mediados de mayo, hace 500 años, ocurrió la Matanza del Templo Mayor, evento que, de acuerdo con especialistas consultados por La Razón, cambió el proceso en que se desarrollaría la Conquista: dio pie a la rebelión mexica, fracturó la cordialidad entre Moctezuma y Cortés, dio cuenta a los tenochcas la división entre los españoles y propició la única gran victoria del imperio: la Noche Triste.

“Los mexicas celebraban su fiesta de Tóxcatl, la cual estaba dedicada a Tezcatlipoca; en ese momento Cortés no estaba en Tenochtitlan pues había salido hacia Veracruz para combatir con Pánfilo de Narváez, quien traía instrucciones del gobernador de Cuba para detenerlo. Apenas lo vence, le llegan noticias de que hubo un alzamiento en México”, relata el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

Cortés había dejado al mando a Pedro de Alvarado, su mano derecha, y a quien fuentes señalan los mexicas habían pedido permiso para realizar su fiesta; “pero otras versiones dicen que ellos no querían celebrarla, pero que Alvarado les insistió para ver cómo era”, apuntó Julio César Morán, historiador de la FES Acatlán.

“Al ver que estaban ataviados con piezas de oro y joyas, y desarmados, los conquistadores aprovecharon para atacarlos y arrancarles sus pertenencias. Fue una masacre, pero los mexicas de inmediato se defendieron, mataron como a siete españoles y éstos, con todo el botín, se encerraron en el Palacio de Axayácatl”, agregó Matos Moctezuma.

Para Morán, este hecho, “orquestado por la codicia de Alvarado”, significó para Hernán Cortés el fin de una Conquista por la vía pacífica: “él estaba logrando una proeza increíble: había hecho, con ciertos problemas anteriores como batallas con los otomíes y los tlaxcaltecas, que Motēcuhzōma le jurara lealtad al rey de España. Todo eso se perdió y la situación se le fue de las manos”.

Sin embargo, el historiador y filólogo Rodrigo Martínez Baracs la describe como un enfrentamiento militar que se da en un contexto en el que la llegada de Pánfilo de Narváez permitió ver a los mexicas —fragmentados entre quienes querían paz y los anticonquistadores—que los españoles estaban divididos.

“De Narváez se estaba asociando con quienes eran aliados de Cortés en Cempoala, Veracruz y los mexicas, y pues había que dar un enfrentamiento militar. Más que un ataque hacia inocentes, la Matanza fue una batalla de la Conquista, que sucedió al mismo tiempo que la entablada por Hernán contra Pánfilo y el Cacique Gordo de Cempoala.

“La masacre causó instantáneamente la primera rebelión mexica; pero si ésta no hubiera pasado, de igual manera, y en algún otro momento, los mexicanos hubieran hecho una revuelta, pues eran más los que eran antiespañoles, entre ellos Cuitláhuac y Cuauhtémoc”, detalló.

Por ello, el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua llamó a dejar de ver el hecho de forma unilateral y victimista, “de que los españoles fueron malos y los mexicas los buenos. Hay que verlo como una situación de guerra”, apuntó.

Señaló que en el Juicio de residencia de Pedro de Alvarado, los españoles le reclamaron la matanza. Uno de sus argumentos es que, durante la ceremonia, los indígenas iban a subir a la cima del templo una efigie de Huitzilopochtli hecha de alegría y maíz, “amasada probablemente con sangre humana” y que al hacerlo trataron de quitar la imagen de la Virgen María que Cortés había puesto ahí; “y que tal hecho fue uno de los detonadores, porque se trataba de una imagen ‘diabólica’.

“Lo seguro es que en ese momento las cosas se calentaron más entre los mexicas, quienes habían recibido noticias de que esos españoles que tenían encima estaban divididos y peleando entre ellos en Cempoala. Realmente ya andaba la cosa candente y la Matanza fue un detonante para contraatacar”, abundó.

Dicho contragolpe, que mantuvo asediados a los españoles dentro del Palacio de Axayácatl, culminó días después, tras el regreso de Cortés a la ciudad, en lo que Julio César Morán describió como “la única gran victoria” que tuvieron los mexicas sobre los conquistadores, “misma que encabezó Cuitláhuac, hermano y sucesor de Moctezuma, y que culminaría en la Noche Triste”.

El dato: De acuerdo con el arqueólogo Carlos González, fuentes señalan que Moctezuma salió a despedir a Cortés cuando éste se dirigía a Veracruz, momento en que él le pidió permiso para realizar la fiesta de Tóxcatl, el cual le fue concedido.
Por este motivo, Morán invitó a la población a reflexionar, a 500 años del hecho, en torno a la violencia y las acciones de Pedro de Alvarado: “su acto, en vez de acelerar la Conquista, la empeoró.

“Los que se manejan por la ambición, corrupción y en busca de su beneficio, sin tomar en cuenta las consecuencias, poseen esa codicia que produjo la Matanza del Templo Mayor”, concluyó.

La Razón

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