Tuve un sueño.

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com

Paulatinamente fuimos incorporándonos a la nueva realidad.
Durante meses experimentamos las condiciones más severas, no solo de confinamiento, sino porque tuvimos que realizar ajustes extremos en nuestros estilos de vida.
El desafío mayúsculo al que nos sometió un enemigo prácticamente invisible cuya letalidad alcanzó porcentajes de 1 a 10 en México y de 1 a 5 en EUA, por casos reconocidos de contagiados por la peste; fue de enorme aprendizaje para lo chihuahuanses.
Al retomar la rutina vi que la cosas eran muy diferentes a la última vez que andábamos en la normalidad. Vi que las vialidades lucían con menos autos de lo habitual, que transitaban por el carril derecho a menos de la velocidad permitida, con un solo adulto los que transportaban varios estudiantes y hasta cinco adultos lo que se dirigían a sus centros de trabajo.
Después del mediodía, a la hora de la salida de las escuelas, en los pocos vehículos formados, pero sin acaparar carril extra ni obstruir cocheras, eran introducidos menores de edad que ocupaban todos los asientos disponibles. También me llamó la atención que no había vendedores ambulantes ni pedigüeños en los cruceros.
Al terminar mis actividades del día, ya de regreso a casa, me di cuenta que había un patrón similar al tráfico vehicular de la mañana, con la diferencia que en la mayoría de automotores iban solo adultos.
Así transcurrieron varias semanas, en las que poco a poco descubrí una nueva realidad. La actitud de las personas era más amable, en el comercio la atención era de primera y en las oficinas públicas el personal se esmeraba por satisfacer los requerimientos de los usuarios.
Por diversos medios de comunicación me enteré que los Héroes de la salud habían incrementado más del 100% sus ingresos, el de los agentes del orden y los de vialidad igualmente sufrieron modificaciones importantes en su beneficio. Ya no se veían patrulleros cazando automovilistas porque se respetaban los límites de velocidad y era observada la Ley de vialidad.
Con agrado corroboré que el congreso local se había reunido para hacer varias modificaciones a la Constitución local y leyes secundarias, que los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) hicieron cirugía mayor a sus leyes orgánicas.
Entre los cambios destacaban la reducción del 50% del total de los ingresos anuales de legisladores, de magistrados y jueces, y del gobernador, secretarios y directores. Se suprimieron todas las plazas no esenciales, por lo que la nómina gubernamental tuvo un ajuste a la baja del 30%.
Nunca imaginé que iba a ser testigo de la reingeniería al sistema anticorrupción. En todos los organismos autónomos (IEE, TEE, Ichitaip, ASE, tribunal Administrativo, FP, etc), la CEDH, así como en las entidades educativas públicas (UACH, UACJ, UTCH, UPCH, Bachilleres, etc), se ajustaron a los nuevos tiempos y a lo realizado por los tres poderes del estado.
Ya no era necesario recurrir sentencias, dictámenes, resoluciones, quejas, etc., porque todo proceso, procedimiento, gasto e ingresos de funcionarios, servidores públicos y empleados de los entes públicos estaban al alcance de cualquier ciudadano con el simple hecho de consultarlo a placer desde cualquier ordenador o móvil. Todo estaba ahí, todo.
Los ahorros otorgaron liquidez al gobierno estatal para mejorar los ingresos de los servidores públicos esenciales, dotar de infraestructura hospitalaria e insumos médicos adecuados y suficientes al sector salud, así como de equipo táctico y con todas las plazas cubiertas para brindar seguridad. La educación recibió un fuerte impulso por lo que los alumnos de escuelas y universidades públicas ya no tenían pretextos para concluir sus estudios.
Las mañanas, las tardes y las noches eran tan limpias porque la contaminación ya era parte del pasado reciente. Leí y escuché que los capitanes del gran capital y todo el sector productivo impulsaron medidas contundentes para reducir drásticamente las partículas contaminantes, proteger el medio ambiente y cuidar las aguas de Chihuahua.
Supe que el salario de los empleados de la industria maquiladora, del comercio, de los servicios y del todo el sector productivo primario fue incrementado a más del doble, esto, gracias a la generosidad de los patrones que decidieron compartir algo de sus ganancias con quienes las hacen posibles.
Más emocioné cuando constaté que ya no había competencia entre órdenes de gobierno por vender la idea de ser mejor uno que el otro. Casi lloré de alegría al ver que el presidente, el gobernador y los alcaldes nos hablaban con la verdad; realmente fue impactante escuchar de los demás que por fin se ponían de acuerdo, que reconocían sus errores y comenzaban a cumplir las promesas de campaña.
Eso fue lo que soñé, solo esperemos a que termine la otra pesadilla, la del covid-19. Por lo pronto podemos ir aprendiendo de esta lección, porque ya es hora de aprender de nuestros errores, y si es que queremos aprovechar la posible oportunidad que el planeta y la vida nos ofrecerán.
Nosotros decidimos si seguimos igual o somos mejores.

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