El país de los mezquinos.

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com
Para el domingo 12 de abril el gobierno del estado reconoce 70 contagios por el covi-19 y 16 decesos; esto es, 22.85% de letalidad. Muy por encima de la media nacional que, según cifras oficiales anunciadas por el “subse”, alcanza el 6.47%; sin embargo, este porcentaje es tres veces superior al que refería el presidente de México al inicio de la contingencia.
Aunada a la sospechosa curva de contagios y mortalidad, debemos observar el déficit de médicos generales, especialistas y enfermeras, en la imperiosa necesidad de mejorarles sus condiciones laborales.
Cito como referencia al IMSS, la Institución de salud pública más conocida en México. Dicha dependencia federal cuenta con 18,041 trabajadores, de los cuales 6,265 son personal médico (un médico por cada 1,968 habitantes) y 11,776 enfermeras; es decir, una por cada 1,047 habitantes). Fuente: Expansión Política
La Organización Mundial de la Salud recomienda un galeno y una enfermera por cada 435 habitante. Estas cifras arrojan un déficit de 22,075 médicos y 16,546 enfermeras tan solo en el IMSS.
Como algunos recordarán, hace apenas un par de meses el gobierno de México y los gobernadores mantuvieron un ríspido debate por la adhesión al Insabi, el proyecto que impulsó el ejecutivo federal.
En la disputa por mantener sana distancia unos de otros y por controlar los recursos para infraestructura y adquisición de pertrechos médicos (término de economía de guerra), algunos góbers jalaron por su cuenta, no sin la advertencia del mandatario federal de que su administración daría mejor servicio.
La abismal distancia del gobierno de México con muchos de los gobernadores también se nota en el afán protagónico (Síndrome de Münchausen) por acaparar la atención de un público preocupado. Este hecho vergonzoso pone en duda la credibilidad de unos y otros.
En el caso del “subse” López-Gatell, al menos éste reconoce que los datos que ofrecen diariamente pueden ser más de ocho veces superiores de los que se contabilizan. En este contexto hay que estar atentos en Chihuahua para ver si no se registran decesos algunos días y baja exponencialmente el porcentaje de letalidad, que tiene a la entidad en el primer lugar nacional.
De regreso al tema del déficit de médicos y enfermeras, pero de Chihuahua, es momento de pasar del reconocimiento público por parte de las autoridades y de la sociedad en general a los Héroes que día a día salen a jugarse la vida para atender a los pacientes con convid-19, a mejorarles sus condiciones laborales.
Se trata de elevar los ingresos de los médicos generales, especialistas, y de las enfermeras. Por ejemplo, el sector salud público de Chihuahua paga en promedio $22,500 a un médico general, $25,700 a un especialista y $9,000 una enfermera.
En contraparte, el gobernador ingresa anualmente casi dos millones y medio de pesos; un secretario de gabinete dos millones y directores más de millón y medio. Entre los Héroes de la medicina y la burocracia dorada existe una diferencia aproximada de 10 ingresos mensuales entre mandatario y los médicos. Habría que ver quién es más esencial.
En el caso de aquellos jóvenes que quieran estudiar medicina y vestirse de Héroes, la UACH les cobra de inscripción más de $6,000 el semestre y en la UACJ $7500. Para ingresar a la facultad de enfermería las cuotas son confusas porque varían de $2,250 a $3,950 pesos.
Paradójicamente, los rectores de la UACJ y de la UACH se embuchacan anualmente entre 3.5 y 4 millones de pesos. Estas estos escandalosos ingresos representan la mitad de los que ingresan los ministros de las SCJ y un 25% de los senadores de la República.
Entonces, si lo que queremos es reducir el déficit de médicos generales, especialistas y enfermeras, lógicamente hay que facilitar el ingreso de estudiantes a las universidades públicas.
¿Y que se debe hacer para equilibrar el presupuesto del sector salud y de las universidades públicas como la UACJ y UACH?, efectivamente, equilibrar los ingresos máximos del gobernador y el personal esencial de la medicina.
Es inconcebible que los cargos de elección popular, los rectores universitarios y la casta dorada que los acompaña se chupen el dinero que debería destinarse a personal médico esencial e insumos hospitalarios, así como para facilitar el ingreso a los estudiantes que deseen estudiar medicina y enfermería.
Aquí es donde quiero escuchar a los legisladores locales y a la partidocracia comprometerse a cambiar el rumbo de la historia, sin mezquindades, como se ufanan mandibular. Es ahora o nunca, el momento de sentar las bases para un futuro mediato que será más desafiante con respecto a la salud.
De la cuestión federal, el presidente ya ha hecho algunos ajustes, aunque ciertamente hay feroces resistencias. Únicamente le falta ser objetivo y usar los recursos públicos de manera transparente en favor de todos los mexicanos y no solo a favor de una parte.
Es cuanto.

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