El COVID-19 no pudo con la infidelidad

Durante tres horas, Jaime y Yoyis recorren parques y los encuentran cerrados, en medio de la pandemia de coronavirus.

Jaime y Yoyis se olvidaron de guardar la “Sana Distancia” y como dos tórtolos enamorados se decían cositas al oído mientras intercambian besitos cortos, además de expresar su indiferencia ante las miradas preocupantes de los pocos usuarios del Metro que aguardaban el arribo del convoy en el andén de la estación Guerrero.

“Ya no aguanto, tenemos más de tres horas recorriendo parques y todo está cerrado, ni para comer una rebanada de pizza, ni una fonda, nada”, dijo Yoyis a su acompañante, quien sin soltarle la mano a la chica parecía contentarla con unas palabritas cariñosas al oído.

Estos enamorados al ser abordados por “Crónica” comentaron que salieron de la Colonia San Juan de Aragón, en la alcaldía Gustavo A. Madero, a las 10 de la mañana para en principio ir a hacer ejercicio al Bosque de Aragón, pero se encontraron con un enorme cartel en verde en el que aparece la leyenda: “Cerrado por la contingencia de coronavirus”. De este sitio, señalaron, dieron la vuelta para ver si corrían con mejor suerte y encontraban abierto el Zoológico, pero también se toparon con un letrero similar.

“Sabemos que hay una pandemia y que es grave, pero no pensamos que estuvieran parques o restaurantes cerrados”, contestó Jaime sin dejar de abrazar a su acompañante que sacó de una bolsa de yute un minúsculo espejo con el que revisaba si lucían adecuadas sus delineadas cejas

Jaime de vez en vez esquivaba un poco la mirada para observar hacia el fondo del andén como si estuviera esperando a alguien más o como si tratara de ocultarse de alguien. Yoyis, en tanto, lo abrazaba sin dejar de cuchichearle algo casi imperceptible.

“Yo creo que mejor ya nos regresamos, ya tenemos como tres horas buscando un parque y todos están cerrados. Fuimos al Bosque de Aragón y cerrado, al Deportivo Oceanía y cerrado, fuimos a la Alameda y además de que está acordonado con cintas amarillas los policías que cuidan nos dijeron que por lo del coronavirus nos fuéramos a la casa. De ahí fuimos al Zócalo y también está enrejado y muy solo. La otra era ir a la placita de Santa María La Ribera, pero sería lo mismo, por eso ya mejor vamos de regreso”, comentó Jaime, quien comenzaba a dar muestras de nerviosismo y repitió el acto de estirarse un poco para buscar a alguien a la distancia.

Ante la inquietud mostrada por el joven, que aunque no dejaba de seguir mostrándose cariñoso con su acompañante, no dejaba de echar algunas miradas hacia el fondo del andén. “Crónica” le cuestionó si tenía alguna preocupación, si alguien los seguía o si tenía algún problema y la respuesta inesperada de Yoyis surgió quitándole las palabras de la boca a su acompañante.

“Él no es mi galán, es mi amigo ‘cariñoso’, digámoslo así. Es novio de mi mejor amiga y se supone que hoy él iba a ir a verla para llevarle unos libros para terminar unas tareas, que bueno, ese era el pretexto, ya que por internet todo lo encuentras sin bronca, pero él iría a verla, pero para salir conmigo le dijo a su chava que se sentía mal del estómago y que mejor la vería mañana y pues anda conmigo, y su miedo es que tal vez ella (su novia) o alguien de su familia nos vea y le lleven el chisme”.

AMBOS JÓVENES DICEN ESTUDIAR EN EL CETIS 54 DE ARAGÓN. La joven se mostraba tranquila y sin preocupación alguna, mientras que Jaime, a quien comenzaban a comérselo los nervios, le apuraba que llegara el convoy del Metro para no estar expuesto a que algún conocido de su novia lo cachara en la movida.

“Ya tenemos cinco meses saliendo a escondidas y mi amiga no se ha dado cuenta, creo, sino ya me hubiera armado un ‘panchote’, y mientras se pueda pues vamos a seguir saliendo o hasta que se termine el cariño, lo que pase primero”, dijo Yoyis, quien muy acaramelada no dejaba de acurrucarse en su acompañante, quien por el contrario ya empezaba a mostrarse incómodo y con enormes gotas de sudor sobre su rostro.

El aire que soplaba desde el interior del túnel y que anunciaba el arribo del convoy llegó como la medicina que por un instante alivió la preocupación de Jaime. Ambos jóvenes, sin soltarse de la mano avanzaron hasta donde se encontraba la línea amarilla del andén y con un “que pases buena tarde y cuídate”, los tórtolos abordaron el vagón y encontraron de inmediato dos lugares libres en el costado de una las ventanas. Al emprender su marcha el convoy, la joven se despidió con un adiós con la mano a la vez que guiñó uno de sus ojos en muestra de coquetería, mientras que Jaime mantuvo la mirada al frente como si aguardará a que el Metro lo llevara pronto a su destino para tratar de olvidar este frustrado día de tórtolos.

La Crónica de hoy

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