¿Como México no hay dos?

ENRIQUE QUINTANA

El gobierno del presidente López Obrador ha asumido una estrategia frente a la pandemia que podría generar costos muy elevados.

La forma de afrontar la pandemia que el mundo padece hoy ha revelado profundas diferencias entre los gobiernos y los países, que van desde lo cultural hasta lo político, social y económico.

China está saliendo poco a poco de la catástrofe, básicamente a través del establecimiento de draconianas medidas de aislamiento social, que han tenido efecto al paso de los meses.

Quizá solo un régimen político como el de China podría haber aplicado esas medidas para parar la pandemia.

Otro caso citado con frecuencia como muy exitoso en su estrategia es el de Corea del Sur. El gobierno se anticipó a la crisis, tomó medidas previas, realizó una enorme cantidad de pruebas y utilizó todos los recursos tecnológicos, administrativos y legales para evitar la propagación del virus.

Adicionalmente, hay que considerar que la disciplina de los coreanos jugó un papel determinante para contener la pandemia en ese país.

En el caso de México las cosas han sido diferentes. Quizás la expresión más clara sea la actitud asumida por el presidente López Obrador, quien por varias semanas subestimó la enfermedad y, a través de expresiones ligeras y burlonas, emitió mensajes que iban en un sentido completamente diferente a lo que recomendaban las normas sanitarias.

Las imágenes del presidente besando niños, saludando a la gente en concurridos mítines, mostrando amuletos y estampas religiosas, dieron la vuelta al mundo como la expresión de una visión entre mística y folclórica.

En algunos círculos, oficiales y privados, se piensa que los mexicanos tenemos características genéticas especiales que nos hacen más resistentes al Covid-19.

Por esa razón, creen que es factible que no tengamos que aplicar medidas tan restrictivas como las que se han implementado en otros países.

El presidente López Obrador ha dicho más de una vez que los mexicanos somos muy resistentes a las adversidades, como lo muestra nuestra historia. Esa creencia pareció estar gobernando por varias semanas la estrategia de salud.

Es probable que, por esa visión, una de las medidas que se ha aplicado exitosamente en otras naciones, en México se haya despreciado, hasta hace muy poco tiempo, como lo es la aplicación masiva de exámenes.

El no hacerlo, de acuerdo con algunos expertos, ha conducido a que se subestime el número de casos activos de la pandemia en México.

Esta visión también es arropada por la creencia de que tenemos habilidades especiales que fueron desarrolladas durante la pandemia de la influenza A-H1N1 en 2009.

En algunos círculos oficiales se considera que México está claramente a la vanguardia por haber desarrollado sistemas de vigilancia epidemiológica para enfermedades que se contagian a través del aire, como la influenza, o en este caso, el coronavirus, y que por lo tanto se pueden hacer intervenciones más precisas y menos costosas que en otros países.

El otro factor que estuvo presente en el diseño de una estrategia de menos restricciones en una primera etapa tenía que ver con el objetivo de minimizar el daño económico.

El presidente López Obrador ha señalado más de una vez que el cierre de establecimientos y el distanciamiento social aplicados antes de tiempo podrían conducir a generar problemas económicos mayores. Por esa razón, todavía dos días antes de que comenzara la llamada Jornada Nacional de la Sana Distancia, el presidente invitaba a las familias a acudir juntas a restaurantes y fondas.

De acuerdo con la mayor parte de los especialistas en el mundo, esta estrategia tiene altos riesgos.

No hay ninguna evidencia científica que soporte la afirmación de que los mexicanos somos más resistentes al virus.

Al no aplicarse estrategias restrictivas con suficiente oportunidad, esto podría haber dado lugar a que el nivel de contagio sea mayor, y como en otros lugares del mundo donde se presentó un contagio masivo, el porcentaje de alrededor de 10 por ciento que requerirá de atención hospitalaria y de 6 por ciento que necesita cuidados intensivos, por el volumen que adquiere, acaban generando un caos en el sistema de salud.

Es explicable que las autoridades mexicanas estén preocupadas por el impacto económico que puedan tener las medidas preventivas para evitar la propagación de la pandemia.

El año pasado la economía mexicana cayó 0.1 por ciento. Un efecto negativo adicional este año puede derrumbar las actividades productivas, comerciales y el empleo.

El problema, sin embargo, es que la estrategia que pospuso la aplicación de medidas más estrictas normalmente requirió de una cuarentena más prolongada para controlar el contagio, por ejemplo, en casos como el de Italia, España o Estados Unidos.

Un periodo más largo de restricciones generaría un daño mayor en la actividad económica en 2020. En este momento, el consenso de los expertos es que el producto interno bruto del país descendería en 3 por ciento en este año. Pero ese pronóstico hoy ya parece optimista.

La experiencia de crisis anteriores nos muestra que, usualmente, hay una subestimación de los daños a la actividad económica.

Los sectores que ya están siendo afectados de manera inmediata son altamente generadores de empleo. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, todos los asociados al ecosistema turístico.

Los niveles de ocupación que existen en centros recreativos tradicionales, así como en ciudades que usualmente atraen visitantes por razones de negocios, han conducido ya a pérdidas significativas de empleos directos e indirectos.

Pasa lo mismo con el comercio minorista y con los servicios. En este caso, debido a que existe una enorme proporción de actividad informal, la caída no podrá ser medida a través de los registros del empleo formal, pero sí a través de los descensos en los volúmenes de venta que las encuestas del Inegi reportarán dentro de algunas semanas o en pocos meses. Tal vez no se pierdan tantos empleos de manera absoluta porque la gente seguirá declarando que continúa con su actividad, pero lo que sí se va a observar es una caída vertical de las ventas y, por lo tanto, de los ingresos de un gran número de familias.

La economía mexicana será afectada adicionalmente por la muy probable caída de las remesas.

A pesar del paquete de rescate que se ha aprobado en Estados Unidos, es previsible que los volúmenes de las remesas se vengan para abajo ante un descenso significativo de la actividad de los servicios. Eso afectará el ingreso de un número muy importante de hogares, varios millones, y repercutirá directamente en el consumo en México.

El sector manufacturero exportador también se verá seriamente afectado. En este caso, quizás la pérdida de empleos sea de menor volumen debido a que se trata de una actividad económica que ocupa tecnologías ahorradoras de mano de obra.

Sin embargo, su caída sí impactará en modo muy importante en el producto interno bruto de este año, así como en las exportaciones totales.

En 2009, las exportaciones de manufacturas de México cayeron 25.7 por ciento durante el primer semestre. No sería nada remoto que en este año cayeran en una proporción equiparable o incluso mayor.

En este contexto económico, sin lugar a dudas, también habrá profundas implicaciones políticas.

Durante 2019, el estancamiento de la economía nacional no impactó de manera drástica en los índices de popularidad del presidente López Obrador. Sin embargo, las mediciones que se han realizado durante 2020 ya muestran importantes caídas en ese indicador.

En primera instancia, como un factor que contribuyó a la caída, estuvo la escasa comprensión del movimiento feminista, al cual López Obrador estigmatizó. Eso le costó una importante pérdida de puntos y simpatía entre las mujeres del país.

Pero si ahora fallara la estrategia para hacerle frente a la pandemia y tuviéramos una combinación de crisis de los sistemas públicos de salud, al mismo tiempo que una recesión profunda y prolongada en la economía mexicana, entonces es muy probable que tuviésemos un desplome mayor del respaldo a la gestión del presidente.

Ante la cercanía del proceso electoral de 2021, ese descenso representaría, sin duda, una amenaza para el presidente y su partido. Quizá lo único que atenúa este riesgo es que durante la crisis de la pandemia, la oposición política ha brillado por su ausencia.

Ha sido más bien la sociedad civil, especialmente los organismos empresariales, los que han tomado la batuta en este momento, demandando que se tomen medidas más drásticas para frenar la pandemia.

Desde luego existe el otro escenario. Si, por azares del destino, la estrategia del presidente López Obrador resultara eficaz para frenar la propagación de la enfermedad y tuviésemos costos económicos leves, entonces sería muy probable que la figura del mandatario se acrecentara y que las perspectivas políticas de su administración mejoraran de manera significativa.

De acuerdo a las evidencias y a los datos disponibles, esa probabilidad es la más baja.

Por esa razón pareciera que la forma de encarar la pandemia por parte del gobierno mexicano tendrá costos humanos, económicos y políticos que hasta este momento no se han calibrado.

El Financiero

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