Descubren minidinosaurio que da pistas sobre la evolución de las aves

Investigadores encuentran cráneo de 7 milímetros del pequeño animal que vivió en la Era Mesozoica. El Oculudentavis tenía treinta dientes y era un depredador que se alimentaba de pequeños artrópodos.

Una imagen del cráneo del animal quedó conservado en ámbar. LIDA XING

Un equipo internacional de investigadores descubrió el cráneo de un extraño y diminuto animal atrapado en un trozo de ámbar. Es una especie de dinosaurio hasta ahora desconocido, y bautizado como Oculudentavis. Los resultados se publicaron ayer en Nature y aportan nuevas claves sobre la evolución de los antepasados de las primeras aves pequeñas

El hallazgo se registró en un yacimiento del norte de Myanmar y dicen los investigadores que se trata de la especie de menor tamaño de toda la Era Mesozoica.

Es un cráneo atrapado hace unos 99 millones de años en ámbar y cuyo nombre, Oculudentavis, significa “pájaro con dientes y ojos”, que además muestra los rasgos más notables del animal: una mandíbula dentada y ojos similares a los de los lagartos modernos.

Los científicos han podido deducir sus características a partir de un único hueso gracias al análisis de la fluorescencia por radiación de sincrotrón; es decir estudiando la radiación generada por partículas cargadas dentro de un campo magnético. De esta forma, han podido reconstruir la forma y el tamaño del ojo, que sugiere unas costumbres diurnas.

Por otro lado, cada una de sus mandíbulas habría tenido una treintena de dientes. A pesar del pequeño tamaño del Oculudentavis (su cráneo mide 7.1 mm), esto sugiere que era un depredador y que probablemente se alimentaba de pequeños artrópodos o invertebrados. Esto marca una importante diferencia con las aves modernas de un tamaño similar, que carecen de dientes y se alimentan de néctar de las flores.

HISTORIA. Se cree que las aves aparecieron por primera vez hace unos 150 millones de años, durante el final del Jurásico, una de las divisiones temporales de la era Mesozoica. Evolucionaron a partir de pequeños dinosaurios depredadores, similares al velociraptor, y prosperaron durante todo el periodo siguiente —el cretáceo—, impulsados, en parte, por el declive de los dinosaurios. Cuando un asteroide impactó en la península de Yucatán, hace 66 millones de años, ya se habrían diversificado lo suficiente para que algunas especies sobreviviesen a la extinción masiva que siguió al cataclismo.

En cualquier caso, el análisis filogenético, que ayuda a entender cómo una nueva especie encaja con otras, lo sitúa como muy primitivo. Dicho análisis sugiere que estaría sólo ligeramente más evolucionado que el Archaeopteryx, y que, como éste, habría tenido una larga cola ósea. Aunque sus descubridores creen que era más ave que saurio. “El cráneo es demasiado raro para que un análisis diga realmente dónde encaja”, opina Jingmai O’Connor, del Instituto de Paleontología de Pekín, primera autora del trabajo. “En realidad, no creo que fuera tan primitivo y sospecho que probablemente era un ave enantiornitina”.

El descubrimiento representa una nueva pieza para comprender la evolución de las aves, demostrando que la miniaturización de sus cuerpos se produjo muy temprano en su evolución. Los dinosaurios tenían un tamaño corporal mucho mayor que el de las aves; los saurios más pequeños pesaban más de doscientos gramos, mientras que el pájaro vivo más pequeño, el colibrí zunzuncito (Mellisuga helenae), sólo dos. Descifrar el camino evolutivo que condujo de una familia a otra tiene un importante valor científico, ya que el tamaño del cuerpo afecta a la duración de la vida, las necesidades de alimentos, las capacidades sensoriales y a muchos otros aspectos básicos de la biología.

La Crónica de hoy

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