Boston busca orden dentro del desorden

Desde el final de la temporada pasada, los Boston Red Sox perdieron un mánager campeón, a su mejor jugador y a uno de sus principales abridores y no hicieron nada para tratar de fortalecer el bullpen, su punto más débil, mientras su gran rival agregaba al agente libre más importante que tuvo el mercado invernal.

Y lo mas importante aún está por llegar, ya sea en cuestión de horas, días o semanas. Muy probablemente antes de que Boston visite a los Toronto Blue Jays el 26 de marzo, en el día inaugural masivo de la temporada regular del 2020.

Se espera que dentro de poco tiempo, la oficina del comisionado de Grandes Ligas (MLB) informe sus hallazgos, y posibles sanciones, tras conducir una investigación de casi dos meses que busca determinar si los Red Sox violaron las reglas para robar las señales de sus rivales en el 2018, cuando ganaron la Serie Mundial.

La pesquisa de MLB trata de comprobar los alegatos de que los Red Sox usaron el sistema de repetición de video que está instalado cerca de las cuevas de los clubes en los estadios de las ligas mayores para descifrar las señas de sus rivales, algo que está prohibido.

En un encuentro con la prensa que cubre los entrenamientos en Florida el 16 de febrero, el comisionado Rob Manfred aseguró que su meta era concluir la investigación para el último fin de semana del mes. Hace un par de días que Tony Clark, director ejecutivo de la Asociación de Peloteros de Grandes Ligas (MLBPA) informó a los peloteros de los Red Sox, que los interrogatorios de la investigación habían concluido.

En enero, Manfred castigó a los Houston Astros, con una multa en efectivo y bloqueo al mejor talento de los próximos dos sorteos colegiales, por haber usado un esquema ilegal de decodificar señales de sus contrincantes en 2017 y 2018. En el reporte sobre las infracciones de los Astros, Manfred señaló al coach puertorriqueño Alex Cora como uno de los principales responsables.

Después de ayudar a los Astros a ganar la primera Serie Mundial de su historia en 2017, Cora, quien era el coach de banca del mánager AJ Hinch, fue contratado por Boston y el primer dirigente latinoamericano del histórico conjunto de Nueva Inglaterra respondió conquistando el noveno título de la franquicia, y el cuarto en dos décadas.

Cora tenía un contrato hasta 2021, con opción para 2022, pero accedió a un divorcio negociado con los Red Sox dos días después del anuncio de la sanción a los Astros. MLB no castigó a Cora por su rol en el escándalo de Houston, hasta no determinar si además cometió alguna irregularidad mientras estuvo al frente de Boston.

Mientras Cora aguarda en su casa en Puerto Rico por los resultados de la investigación de la MLB, que aunque no cambiarían su actual situación de desempleado, sí podrían definir su futuro en la industria, los Red Sox se siguen preparando en la soleada Fort Myers, Florida, con una nube negra de incertidumbre en varios aspectos, comenzando con el dirigente.

Tras la inesperada partida de Cora, Boston nombró a quien era el coach de banca del boricua, el veterano Ron Roenicke, como mánager “interino”. Posteriormente, el equipo agregó a Jerry Narron como coach de banca de Roenicke. Ambos hombres dirigieron equipos de Grandes Ligas anteriormente y además trabajaron juntos con los Milwaukee Brewers.

Si por alguna razón, la MLB encuentra que hay evidencias de que Boston quebró las reglas, Cora (y probablemente Roenicke) enfrentarían diferentes tipos de sanciones, dependiendo el nivel de involucramiento y responsabilidades.

Con Narron a bordo, los Red Sox garantizan que, en cierta manera, se mantendrá el orden dentro del desorden, si ocurrieran sanciones. Como dice el dicho “prepárate para lo peor, mientras espera lo mejor”.

En el aspecto competitivo, Boston que el año pasado terminó en el tercer lugar de su división, con récord der 84-78, no ha dado un solo indicio que haga pensar que podrá quedar por encima de los favoritos y actuales campeones divisionales New York Yankees o superar a los Tampa Bay Rays en una batalla por un puesto comodín.

Después de pagar $13 millones de dólares en penalidades por exceder el gasto en su presupuesto de peloteros (casi $243 millones) el año pasado, los Red Sox se propusieron mantenerse por debajo del máximo permitido ($208 millones) en el 2020.

Debido a que el club excedió el tope en los dos años anteriores, además de enfrentar el castigo de pagar el 50% de cada dólar que gaste después de $208 millones, tendría que pagar un 62% por el gasto que exceda $228 millones y 95% sobre el exceso de $248 millones. Limitarse en 2020, elimina la cadena de impuestos.

Para ponerse al día, lo primero que hizo Boston fue evitar los agentes libres caros. Sus mayores adquisiciones fueron peloteros establecidos, pero baratos, como el utility venezolano José Peraza, el pitcher abridor venezolano Martín Pérez y el jardinero norteamericano Kevin Pillar.

Lo segundo, fue cambiar al jardinero Todos Estrellas Mookie Betts, uno de los cinco mejores peloteros del planeta tierra, y al abridor zurdo David Price, a los Los Angeles Dodgers por el jardinero Alex Verdugo y los prospectos Jeter Downs y Connor Wong.

Básicamente, a un equipo que llegó tercero en la poderosa División Este de la Liga Americana, le quitaron a su mejor bateador, a uno de sus abridores y no le reforzaron el bullpen, que tuvo efectividad de 4.40 y lideró las ligas mayores con 31 salvamentos desperdiciados en 2019. Al mismo tiempo, los Yankees agregaron a Gerrit Cole, el mejor agente libre que estaba disponible, a su rotación abridora, que por segundo año seguido no contará con el dominicano Luis Severino.

Incluso si el bateador designado J.D. Martínez mantiene una alta producción y el torpedero Xander Bogaerts, el antesalista Rafael Devers y el jardinero Andrew Benintendi saltan al próximo nivel, los Red Sox tendrán muchos problemas para prevenir carreras en el 2020.

Y ante la incertidumbre por la investigación de la MLB, el posible desempeño en el campo es la menor de las preocupaciones que tienen los Red Sox ahora mismo.

ESPN

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