Todos a cantar

Por: Francisco Flores Legarda

“Si la vida es sólo un viaje, vívela como un paseo agradable por un valle misterioso.”

Jodorowsky

Gastos de la publicidad gubernamental no regresarán a su era dorada, al menos no en este año 2020. Eso será un ingrediente, solo eso, para que siga dentro de los medios un golpeteo constante hacia el presidente López Obrador, pero no es la causa principal de ese comportamiento persistente. Tiene que ver con los intereses afectados que no directamente se refieren a los medios. Por encima de las diferencias entre el gobierno con medios o algunos periodistas al servicio de lealtades añejas, la libertad de prensa todos los días se pasea por la república con la frente en alto.

En paralelo, no han faltado temas en esta administración que ha iniciado su segundo año, en los que los profesionales del periodismo encuentran filón para enfocar sus baterías en contra de los proyectos presidenciales. Antes de asumir AMLO la investidura presidencial se levantó la polvareda por la iniciativa de cancelación del aeropuerto en Texcoco. Una vez que tomó las riendas del gobierno vino la atención del problema del robo de combustible. En ambos casos hay intereses creados, así como en otros asuntos que ya forman la cuenta del obradorismo en acción, de la cual solo me referiré a dos.

El Tren Maya es el proyecto desarrollista sobre el cual los ambientalistas, muchos de ocasión, han cargado las tintas para detenerlo. En el pasado ha habido proyectos que sí han impactado el medio ambiente de manera escandalosa y en su momento hubo poca o nula oposición porque era un consenso para casi todos los proyectos desarrollistas de cualquier tipo. Los años setenta del siglo pasado ofrecieron el paradigma de los proyectos turísticos. Los espacios naturales que se intervinieron, empezando por la Riviera Maya (no se le llamaba así al principio) hasta nuestros días. Cierto que ahora son más difíciles de establecer, Cabo Pulmo en Baja California Sur, por ejemplo. Removiendo mis recuerdos, lo que ahora son centros de gran turismo eran verdaderos encuentros con la naturaleza. Tener la oportunidad de conocer sitios y compararlos con su condición actual, totalmente transformados e intervenidos. Cabo San Lucas, BCS, con su acceso por ferry desde Puerto Vallarta, Jalisco, ya no está igual, los negocios le ganaron terreno a la naturaleza; Bahía de Banderas (Jalisco y Nayarit) con su fideicomiso célebre por sus fraudes y que después se replanteó como Nuevo Vallarta, hoy en día totalmente urbanizada la línea costera de Puerto Vallarta a la Cruz de Huanacastle. Los desarrolladores vencieron a los ejidatarios y a la naturaleza; en la costa de Oaxaca, antes de explotar el proyecto de Bahías de Huatulco que se inició en los ochenta, era una hilera de pueblos de pescadores, como el de Puerto Escondido. Si llegaba uno por la Costa de Guerrero o si abordaba la travesía por la Sierra Sur de Oaxaca, era turismo de pueblear y lo renombraron de aventura.

Y sí, el turismo es una fuente de negocios y empleos, de desigualdades y afectaciones al medio ambiente. El Tren Maya es un proyecto que incursiona sobre un territorio intervenido por años, la apuesta turística se hizo con anterioridad a la actual administración (No se olvide, de paso, que el sistema ferroviario de pasajeros fue borrado de un plumazo por Ernesto Zedillo y no se le llamó autoritario, ni dictador) El Tren Maya tiene la ventaja de que prácticamente todo su recorrido cuenta con derechos de vía. En primer lugar, la vía del ferrocarril que va de Palenque, en Chiapas, a Mérida, Yucatán. También ocurren las autopistas las autopistas de la Península que han generado respectivos derechos de vía, la más reciente de Escárcega en Campeche a Bacalar, Quintana Roo, la cual se abrió paso en medio de la Selva de Calakmul ¿Dónde estaban los ecologistas, las autoridades ambientales? Lo que sí tiene qué conseguir el Tren Maya es desarrollo con equidad y eso está por verse. Evitar caer en la publicidad complaciente como la del fracasado proyecto foxista de la Escalera Náutica.

En este mes de enero, el tema que ha dado rienda suelta a los periodicazos es la cancelación del Seguro Popular y el inicio de las actividades del Instituto de Salud para el Bienestar. Partiendo de la realidad de que el derecho a la salud plasmado en la Constitución dista mucho de ser un derecho realmente ejercido para muchos mexicanos -incluidos los afiliados al IMSS y al ISSSTE. La creación del hoy extinto Seguro Popular fue una manera de darle la vuelta a una demanda social no resuelta. Su primer defecto fue centrarse en la formación de un fideicomiso que en los hechos se prestó a un mal uso de los recursos, según la Auditoría Superior de la Federación; su segundo defecto fue no desarrollar un patrimonio propio, operó con la infraestructura establecida, en los márgenes de la Ley de la Administración Pública Federal; junto con todo ello, un tercer defecto fue no formar recursos humanos propios con basificación, operando con personal temporal, tal vez para evitar la formación de otro sindicato dentro del sector salud.

Hoy en día no sabemos cabalmente de los intereses que se formaron alrededor del fideicomiso, ajenos al servicio de salud y en función predatoria. Bien podrían informar al respecto los anteriores secretarios de Salud, de Julio Frenk a Narro Robles. Por lo pronto, el INSABI se ha sacado la rifa del tigre.

Bueno, fuera de los temas comentados y siempre dentro de la política, la comparecencia de Genaro García Luna ante un juez de Brooklyn en Nueva York genera expectativas y tal vez no se colmen. Que la espera se rubrique así: canta y no llores.

Salud y larga vida

Profesor Por Oposición de la Facultad de Derecho.

@profesor_F

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