La gira del culto

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: mnraveaz2008@hotamil.com
La visita del presidente López Obrador a Chihuahua fue tan ordinaria como cualquiera de sus antecesores.
Los discursos anodinos aderezados de repudio al gobernador del estado, marcaron la gira presidencial. A excepción de las anécdotas que discurren en el preámbulo de la campaña electoral del 2021, Manuel López recetó a sus seguidores el discurso somnífero que replica en todas las plazas donde se para.
Para los pocos que esperan un cambio en la política asistencialista del gobierno de la república y enderezar el rumbo hacia la inversión pública, la X visita del presidente terminó con esas expectativas.
Sin salirse del script, Andrés Manuel macheteó con el formato mañanero para saciar el morbo del mandatario local, es decir, retocar el tema de la extradición del exgobernador César Duarte, y con eso guiño saludar la obsesión doméstica de palacio.
Nada fue distinto. Se cumplió con los estándares de lo que ha sido el gobierno de la cuarta: montar escenarios con adultos mayores y beneficiarios de los programas sociales, que celebran hasta el paroxismo las trilladas frases del presidente.
En el pecado de gobernar la entidad, Corral sufrió la penitencia merecida por el desastre en que tiene a Chihuahua. Javier fue repudiado públicamente por una asistencia domesticada con dádivas, que solo tiene oídos y vista para su benefactor. Ni como defenderlo, quien siembra vientos, cosecha tempestades.
Para colmo de esa desgracia, la logística incluyó trepar en el templete a dos de los tres senadores con que cuenta Chihuahua, ambos aspirantes al gobierno del estado. El odiado compadre Cruz Pérez Cuéllar y el favorito de la casta de la cantera, Gustavo Madero, fueron placeados como damiselas frente a parroquianos sedientos de placer mundano.
Sonriente frente a las cámaras y micrófonos que lo cubren y ante su fanaticada, AMLO se dio el lujo de invocar el perdón cual emperador romano, para el infortunado que yacía tendido sobre la arena. Llamó a la unidad, imagino que en torno a él (eso hacen todos los políticos en la cúspide del poder), pero solo hasta las elecciones –acotó-. Eso es otro rollo, primero lo primero.
Además del teatro y los actos de idolatría, el presidente López Obrador fingió demencia o no le interesó consolidar el compromiso de echar a andar los hospitales que dejaron inconclusos Peña y Duarte. Si al caso fue materia discursiva, por N ocasión.
Tampoco hubo tiempo ni espacio para demostrar, aunque fueran con sus propios datos, disminución, si es que existe, de la inseguridad en la frontera norte donde arrancó su campaña presidencial.
El reparto de becas y pensiones ocupó la mayor parte del discurso presidencial, pero no se abordó el tema del estancamiento económico, mucho menos de los recursos públicos que le han sido arrebatados a la entidad y a los municipios. Ahora se gastan sin corrupción, presumen.
Mientras los reflectores iluminaban a López, la presa el Granero era vaciada para entregar el agua a Tamaulipas. Es cumplir con la ley, terciaba la titular de Conagua desde la comodidad de sus oficinas centrales en la CDMX.
Y como el que manotea una mosca, el titular del ejecutivo federal señaló que el Insabi no debería cobrar cuota. Andrés Manuel pregona una cosa sobre este gatopardo que sustituye al seguro popular, sin embargo, fue otra cosa la que aprobaron los legisladores. Es falso que sea del todo gratuito el servicio.
En resumidas cuentas, la gira del presidente López Obrador a Chihuahua fue una secuela de las que realizaron sus antecesores. No es diferente, es de culto a la investidura y estuvo plagada de mentiras.
Es cuanto.

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