Montreal pone el ejemplo en el uso de la bicicleta en invierno

Miles de personas se preparan con ropa adecuada y ruedas especiales para pedalear los meses más fríos del año en la metrópoli de Quebec.

La ciudad canadiense de Montreal aparece cada año en las listas de los mejores destinos mundiales para los adeptos a la bicicleta. La metrópoli de Quebec es también conocida por sus gélidas temperaturas durante buena parte del calendario, pero eso no frena a los ciclistas. Cada vez hay más personas que pedalean por sus arterias en los meses fríos. El 17% del total de los ciclistas que tiene la urbe opta por utilizar este medio de transporte todo el año, según cálculos de la alcaldía.

En el otoño de 2007, François Démontagne decidió seguir usando su bicicleta hasta que le resultara insoportable. Pasaron los días y, cuando se dio cuenta, había llegado el mes de marzo y no había renunciado a su objetivo. Su experiencia ese invierno lo llevó a abrir Vélo d’hiver-Montréal [Bici de invierno – Montreal], un grupo en Facebook que se ha impuesto como la referencia citadina para esta práctica. “Tenemos ya casi 10.000 miembros. Está comprobado que la bicicleta es un medio eficaz de transporte, no contamina y contribuye al buen estado físico. Ahora bien, representa además una actividad importante para que los meses fríos no resulten muy largos, sobre todo en un periodo donde la gente está en poco contacto con la luz solar. Pedalear en el invierno es muy placentero”, comenta a este diario.

Entre enero y febrero -los meses más fríos en el hemisferio norte-, Montreal tiene una temperatura media de -8.7°C. A eso se le suma la sensación térmica, es decir, la temperatura percibida por la piel expuesta. El termómetro puede marcar una mañana -12°C, pero es posible que con el viento y la humedad se tenga una sensación de -20°C. A su vez, la ciudad recibe unos 2,6 metros de nieve anualmente. Pese a eso, Démontagne asegura que transitan “el 80% de los días de frío” sobre pavimento.

El grupo que Démontagne creó en Facebook difunde información sobre las mejores rutas a seguir, organiza eventos y aconseja a los neófitos. La red de ciclovías de Montreal tiene una extensión de 800 kilómetros entre el 1 de abril y el 15 de noviembre. El resto del año, partes del circuito sufren cierres a causa del invierno. No obstante, las autoridades citadinas han puesto especial atención en los últimos años para que las bicicletas sigan rodando en el frío. Actualmente, el 75% de estos caminos (575 kilómetros) está abierto en periodos gélidos.

Montreal cuenta con Bixi, un sistema de alquiler de bicicletas de gran demanda, pero no opera durante el invierno. Como la bicicleta normal no es apta para la nieve, lo más común para los ciclistas es adaptar la que se usa durante los meses de calor, adquirir otra especialmente para utilizar en climas fríos o comprar una vieja unidad e incorporarle lo necesario.

Hugo Roy se decantó por esta tercera opción. Profesor de literatura en un colegio de Montreal, Roy se define con orgullo como un forofo del pedaleo invernal. “Voy todos los días a trabajar en bicicleta y siempre busco cualquier tipo de pretexto para usarla en esa estación”, cuenta. En cada salida porta casco y lentes para esquí alpino, guantes y demás prendas para conservar el calor. La mayoría de los ciclistas en los meses de frío, agrega, se beneficia del agarre que brindan los altos tacos de las ruedas especiales. Es importante tener guardabarros, dice, y una luz que permita que los automovilistas distingan la bicicleta.

Roy señala que a veces duda en pedalear cuando las temperaturas descienden vertiginosamente. “El frío no es el problema. En realidad, siento calor por estar bien abrigado y realizar un esfuerzo físico como el que se requiere. Mis reservas tienen que ver más con los automovilistas, ya que puede formarse una capa de hielo en el pavimento que les dificulte frenar o girar el volante con precisión”, comenta.

El uso de la bicicleta en invierno gana cada vez más adeptos en Montreal. Aunque no todo es regocijo. Algunos comentarios en redes sociales y en columnas periodísticas dicen que se trata de una actividad muy peligrosa. “En mis años como ciclista, he visto más accidentes en verano que en invierno. La gente toma sus precauciones, está bien equipada, muestra prudencia y tiene una relación de muchos años con la bicicleta”, responde Démontagne. “También existe cada vez más conciencia entre los automovilistas”.

Es el tercer año que Roy conduce su bicicleta en el frío. Confiesa que no conocía el grupo “Vélo d’hiver-Montréal” porque no utiliza Facebook, pero ahora lo sigue por Twitter. “Me interesa compartir mis experiencias con ellos, dar y recibir consejos. Hay una cosa que aprecio de desplazarme en bicicleta en invierno: pasamos mucho tiempo encerrados y, así, llego más motivado al trabajo después de pedalear. Las endorfinas actúan”.

El País

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