Hay que erradicar el odio

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: mnarvaez2008@hotmail.com
La libertad de expresión en México se encuentra bajo asedio por un gobierno que ha sembrado la discordia.
Es los 32 años que llevo de compartir mi opinión públicamente nunca sentí tanta vulnerabilidad como en este año. Ni en los tiempos en que el régimen priísta controlaba prácticamente todos los espacios de opinión y cooptaba a la inmensa mayoría de los medios de comunicación, advertí la intolerancia de un gobernante y sus huestes.
He tenido la fortuna de escribir para una gran cantidad de medios impresos, electrónicos y participar como panelista en programas de radio y televisión. En la medida que los mexicanos hemos ido conquistando libertades, en esa proporción se fueron abriendo los espacios.
Por supuesto que encontré obstáculos y piedras en el camino en todo este viaje por externar mis opiniones, pero nada que pusiera en peligro mi integridad. La censura que en ocasiones llevaron a los editores de medios impresos a rasurar, modificar o no publicar mis colaboraciones, consiguieron minar la trinchera de dar a conocer mis opiniones abierta y públicamente.
Las amenazas que llegaban a mi correo electrónico desde ciudad Juárez (a mediados de los 2000s), el cierre de espacios en portales informativos a petición de algunos gobernadores y dirigentes partidistas (ya no solo del PRI, también del PAN); los ataques cibernéticos al portal alcontacto.com.mx ordenadas en la administración municipal de Chihuahua 2010/2013, las cancelaciones de invitaciones a programas de opinión en radio (dictadas por un ex diputado tricolor), y a la televisión abierta como sucedió recientemente por instrucciones del alcalde juarense, han podido silenciar mis opiniones en más de tres décadas.
Subrayo categóricamente que NUNCA he recibido un solo peso por escribir o emitir una opinión en radio o televisión, como sí lo han hecho otros, muchos de los cuales lo hacen profesionalmente y con ética, a diferencia de algunos que lo hacen bajo consigna. Las facturas delatan a los últimos.
En cada palabra, frase o párrafo va implícito mi sello personal. Aunque a veces mi opinión incomoda a algunos lectores, créanme que mi único interés es poner en contexto lo que pienso, pero reconociendo siempre que la mejor opinión es la que tienen las personas que me hacen el favor de leerme y obsequiarme parte de su tiempo para replicar mis colaboraciones.
Lo que me preocupa en estos tiempos no es el derecho legítimo que tiene el presidente de México para decir lo que piensa o a discrepar de quien sea, sino la escasa prudencia para hacerlo y los adjetivos que rayan en la intolerancia. En varias ocasiones ha dejado caer todo el peso de la investidura, que no el ejercicio de su libertad de expresión, para intimidar voces discordantes de la prensa o de líderes de opinión.
El tono amenazante y los calificativos de los que echa mano el presidente mexicano para censurar a quienes no piensan como él, son asimilados por sus simpatizantes y adictos como señales de guerra. Uno esperaría que la persona madura de 66 años que gobierna este país tenga la sensatez suficiente para guiar al pueblo y el temple para encarar congruentemente y con hidalguía los retos y desafíos de gobernar.
Paradójicamente, la solvencia con la que ganó la elección y la paz reinante antes, durante y después en torno a los comicios, se estrellan con la beligerancia de sus palabras y el desprecio por el respeto a la diversidad de opinión.
También me sorprende la ignorancia en la que caen (o deliberada) de partidarios del actual régimen sobre del proceso de democratización del país en los últimos 30 años. Es ominosa la actitud de esas hordas que señalan con dedo flamígero a quienes ponen de relieve las fallas y desaciertos en el primer año de gobierno de esta administración.
Con Andrés Manuel no nace la democracia como tampoco estrenamos libertades. La llegada al poder del tabasqueño fue posible porque desde los años 80s millones de ciudadanos comenzamos a salir a las calles a conquistar el respeto al voto y a hacer valer nuestros derechos, entre ellos la libertad opinión, la libertad de prensa. Fox es el primer beneficiario de la lucha por la democracia, que nos haya fallado es otro cantar.
Para mí es muy grave lo que están haciendo grupos de choque de la web que atacan para desinformar a la población con el supuesto de que antes de este presidente no había tal exigencia para resolver los flagelos de la inseguridad y falta de crecimiento económico.
¿Pos dónde estaba esta gente mientras mujeres, niños y ancianos resistían la represión de grupos paramilitares y del mismo ejército?, ¿acaso militaban pomposamente en el PRI?, o ¿acrecentaban su peculio bajo la sombra del neoliberalismo?.
Todavía estamos a tiempo de arar la tierra con ciudadanos bien informados y despejar el odio. No quisiéramos ver a nuestra nación envuelta en enfrentamientos estériles como los que ya suceden en Chile, Bolivia y Venezuela. Eso sería terrible para la democracia. Estoy seguro que ningún gobernante está por encima del amor a nuestra familia y el aprecio a nuestras amistades.
Es cuanto.

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