El consumo también desacelera; cambian patrones de compra para estirar recursos

El consumidor de a pie, como amas de casa, los pequeños y medianos empresarios como responsables de restaurantes, hoteles, salones de fiesta y tiendas de autoservicio están cuidando el rendimiento del dinero. Así lo explicaron comerciantes de la Central de Abastos de la Ciudad de México y del Mercado de Abastos Estrella, de San Nicolás de los Garza, Nuevo León.

La economía mexicana dejó de crecer desde hace 18 meses, según datos del Producto Interno Bruto (PIB). La industria mexicana completó 11 meses en contracción; el sector servicios que en los últimos dos años ha sido el motor de la actividad económica se estancó en el tercer trimestre y sólo el sector agropecuario registró una contribución marginal.

Este panorama económico ya está pasando factura sobre las familias y empresarios. En unos más que en otros, según el impacto que ha tenido en su región de origen el deterioro de la actividad, dijo el director general de Connect Nielsen México, Enrique Espinosa.

Así, por ejemplo, observó una importante desaceleración del consumo en el Valle de México, que está relacionada con el freno observado en los permisos de construcción, la expectativa de menor generación de empleos en el sector y la menor inversión pública.

El directivo evidenció que pese a la desaceleración de la inflación, los precios de los productos incluidos en el Canasto Nielsen, se han incrementado hasta 6% anual, lo que ha afectado el salario real que en cambio registró un aumento de 6% en la zona.

Espinosa dijo que ve aún creciendo el consumo de perecederos de tiendas de autoservicio y estanquillos o tiendas de la esquina, pero identifica al cierre de agosto, un cambio en el patrón de consumo en esta zona. Está cayendo la compra de golosinas, desacelera la de bebidas no alcohólicas como refrescos, bebidas isotónicas y agua, y comienza a decrecer también la adquisición de productos de higiene y belleza.

Y en las tiendas de autoservicio, 8 de cada 10 personas prefieren los llamados productos de marca propia, que son más económicos y de la misma calidad.

Volumen y origen nacional, otro cambio
El consumidor de a pie, como amas de casa, los pequeños y medianos empresarios como responsables de restaurantes, hoteles, salones de fiesta y tiendas de autoservicio están cuidando el rendimiento del dinero. Así lo explicaron comerciantes de la Central de Abastos de la Ciudad de México y del Mercado de Abastos Estrella, de San Nicolás de los Garza, Nuevo León.

Cambiaron patrones de compra en productos perecederos, y por ejemplo, en lugar de llevar leche y quesos de marcas reconocidas que se publicitan en medios de comunicación, o de importación, hoy compran los de una calidad similar, pero más económicos y de origen nacional, refirió Raúl González Balderas, gerente de abarrotes en la Central de Abastos de la Ciudad de México desde hace más de 10 años.

De acuerdo con él, este comportamiento de sus clientes comenzó a cambiar desde hace poco más de un año.

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Los resultados de algunas empresas de tiendas de autoservicio al tercer trimestre muestran que el cliente evitó ir al súper para retomar las compras en las llamadas tiendas de ocasión.

Algo similar está sucediendo en Nuevo León. Francisco Carranza, comerciante dedicado a la venta de frutas, verduras y legumbres en el Mercado de Abastos Estrella de San Nicolás de los Garza, dijo que sus clientes del sector restaurantero, empezaron a solicitar apalancamiento. Solo les otorga ocho días de crédito como máximo pues por tratarse de perecederos, es lógico pensar que en una semana ya los vendieron y pueden pagarlo. Carranza comentó que han dejado de comprar en volumen. Quien llevaba 10 cajas de limones, ahora se lleva cinco. Quien compraba una caja de 25 kg de melón, ahora compra una de 10 o 12 kg.

Sin duda están cuidando su dinero. Los clientes parecen no sentirse seguros de la fluidez de sus recursos, y en las centrales de abasto, se están adaptando.

González Balderas, de la Central de Abastos de Ciudad de México, explicó que algunos restauranteros y amas de casa que hacían sus compras de una semana, compran menos en más visitas. Un día en la semana vienen por embutidos; otro regresan por sus lácteos y pan. Van comprando conforme les va llegando el dinero, y en algún momento llegan a venir dos veces en el mismo día, comentó.

No es una crisis
Los tres entrevistados descartaron que este cambio en los patrones de consumo indique una crisis.

En 2009 se presentó una contracción generalizada del consumo en todas las regiones del país y en cada uno de los subcanastos del índice de Canasto Nielsen, recordó Espinosa. Hoy, estamos viendo un estancamiento en las compras en el Norte, una ligera caída en el Valle de México y crecimiento moderado en el sureste.

Su observación coincidió con la de Francisco Carranza, comerciante en San Nicolás de los Garza, que advirtió que “el bajón” en las ventas de frutas, verduras y legumbres, se sintió en la segunda quincena de julio, y para el mes de agosto registró ventas que representaban el 50% de lo que conseguía vender un año antes.

El gerente de abarrotes en la Central de Abastos de la Ciudad de México, por su parte, también descartó que se esté presentando una crisis. Recordó que en 2009 había caídas de ventas en todo tipo de productos que se comerciaban en la Central. Incluso de alimentos. “Llegó un momento que se dio por muerta la Central de Abastos”, dijo.

El directivo de Nielsen explicó que cada arranque de sexenio suele presentarse una desaceleración hasta de 2% en el consumo del país. Pero en esta ocasión ha sido mucho más profunda, con una caída de 0.3% nacional.

En la compañía tienen un indicador de consumo, el llamado Canasto Nielsen, con más de 100 categorías de productos que se miden en tiendas de autoservicio, farmacias de cadena, tiendas de conveniencia y las tiendas de la esquina. Han visto una desaceleración paulatina del consumo, y una venta menor que inició a nivel nacional entre junio, julio y agosto.

Desde su perspectiva, basada en las expectativas de los consumidores, en 2020 vendrá una recuperación cercana al 1%, proporción similar a la expectativa de crecimiento de los grupos financieros.

En cambio, el comerciante del Mercado de Abastos Estrella de San Nicolás de los Garza, descartó una recuperación. Si acaso en diciembre vendrá un respiro, comentó. Pero la expectativa de un recorte de empleos, o deterioro de empresas, seguirá latente en las decisiones de compra, advirtió.

El Economista

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