“La trayectoria de Café Tacvba, improbable y sorprendente”: Quique Rangel

El integrante de la banda cuenta a La Razón cómo se gestó su segundo Unplugged; adelanta que en el concierto de aniversario en la CDMX buscan ofrecer una mirada diferente hacia su historia.

Los 30 años de existencia de Café Tacvba, Quique Rangel, bajista de la banda, los resume como “improbables” y “sorprendentes”. Muestra de ello es que son una de las pocas agrupaciones que ha logrado mantenerse con la misma alineación —Rubén Albarrán, Joselo Rangel y Emmanuel del Real—, es la única formación latinoamericana en grabar un segundo Unplugged. Además, sigue renovándose y experimentando en la escena musical.

Su historia comenzó el 27 de mayo de 1989 cuando se presentaron por primera vez en El Hijo del Cuervo. Este año que celebran sus tres décadas de trayectoria están presentes más que nunca: en marzo pasado grabaron una sesión acústica en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM, de la cual se desprende su nuevo álbum; están por estrenar una serie en la que cuentan su historia —Bios: vidas que marcaron tu vida— y alistan su concierto de aniversario en la Ciudad de México, el próximo 7 de diciembre.

¿Cómo condensaron su historia en este Unplugged? Hubo dos eventos que nos ayudaron mucho a definir el camino que queríamos establecer para este segundo Unplugged. Uno fue la invitación hace dos años para tocar con la Filarmónica de Los Ángeles en el Auditorio Disney, bajo la batuta de Gustavo Dudamel. Seleccionaron siete canciones y las interpretamos, fue muy revelador para nosotros que nunca habíamos tocado con una orquesta. Transformó la forma en que entendíamos nuestra música. Otro fue en el mismo periodo, en una gira en Estados Unidos, hicimos un trabajo en esta radio pública que graba sesiones acústicas en un pequeño escritorio, preparamos cuatro o cinco canciones, quedamos muy contentos. Cuando vino la propuesta del Unplugged algunas de estas canciones las tomamos, las desarrollamos un poco más.

¿Qué más consideraron? Teníamos muchos más discos de donde escoger, pero también más recursos musicales que podían transformar de manera diferente nuestra música. Había lo mismo ideas muy voladas, que no sabíamos si iban a quedar, como la propuesta de Rubén que para “Mediodía” se trajera un organillero, esto tuvo muchas dificultades de tipo logística, de crear el rollo que no se hace en México, pero sí en Chile, buscar un instrumento que funcionara y esto cuadrarlo junto con el arreglo que teníamos de orquesta. Quedamos contentos y satisfechos con todas estas cosas que se trajeron, por ejemplo, el arpa de Julián Carrillo, que es un elemento que se utiliza en la música clásica contemporánea, pero que se pudo integrar de una manera muy interesante en “El espacio”.

Se incluyen cuatro temas del Revés/Yo soy, ¿es coincidencia o es el álbum más querido por ustedes? No sé si es el más querido. No sé si teníamos una especie de deuda con este disco, no lo hemos tocado tanto después de que salió e hicimos gira, le ha costado trabajo encontrar un lugar en las tocadas que tenemos de algunos años para acá. Creo que la sensibilidad que había en nosotros en esa búsqueda cuando estábamos haciendo el Revés, encontrando otras sonoridades, intercambiando instrumentos, que también está presente en su hermano Yo soy, esa sensibilidad es similar a la que podíamos recrear en una sala de conciertos, esas sonoridades están ahí presentes. Es algo que fue totalmente involuntario.

Algo que me llama la atención es que no hay ningún tema del disco Re… Eso sí fue algo consciente o más o menos consciente: cuando hicimos la selección de canciones dijimos en el primer Unplugged seleccionamos canciones del primero y el segundo disco, en este tenemos el Avalancha, el Cuatro Caminos, el Revés/Yo soy, Sino, El objeto… y el Jei Beibi, dejemos fuera la primera parte de nuestra historia. Gustavo Santaolalla nos comentó ‘oigan ese es un Unplugged de su historia, ya sé que cumplieron con tener versiones de estos discos, pero hay algo que se puede recuperar de eso’, entonces llegamos a la conclusión que “Las batallas” y “Rarotonga”, que son canciones que guardamos para momentos especiales cuando la gente nos pide otra, podía representar bien ese inicio de la historia de Café Tacvba.

Celebran sus 30 años, ¿en la CDMX, qué tienen preparado? No solamente hay canciones que la gente no nos perdonaría, aun no nos perdonan que no toquemos una canción, pero no quiero entrar en ese tema —dice entre risas—; también están temas que la gente hace mucho que no escucha, y que a nosotros mismos nos costó trabajo volver a recrear. Estamos preparando una mirada diferente a la historia de Café Tacvba como la han percibido a lo largo de tantas celebraciones que hemos tenido juntos.

En una palabra, ¿cómo resumes estos 30 años de carrera de Café Tacvba? Lo resumiría como improbable —responde riendo y tras una pausa remata— improbable y sorprendente.

La Razón

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