Cristal, la droga de fácil acceso que la 4T quiere erradicar

Es la droga que ocupó el segundo lugar, sólo detrás del alcohol, en hábitos de consumo excesivo que declararon los jóvenes en centros de rehabilitación. Lo anterior es una sorpresa, ya que significa que está desbancando a la mariguana y a la cocaína.

“Es una droga que genera menos riesgo en la intoxicación (inmediata), pero más riesgo en el consumo a largo plazo”.

El gobierno federal amlista lo ha puesto en el centro de su campaña antiadicciones (y la campaña está ligada nada menos que al objetivo de acabar de raíz con la violencia del tráfico de drogas); es el cristal, droga que se llega a fabricar a partir de desechos de otras drogas y de sustancias industriales tóxicas. El temor gubernamental es doble, puesto que la sustancia engancha y deja secuelas, pero además es hoy de manufactura nacional…y una causa importante de las disputas de mercado entre narcos.

Una dosis de cristal puede ser suficiente para levantar el ánimo y eso fue lo que vivió El Güero, joven de 17 años, que consumió por vez primera esta sustancia, en una fiesta, porque le dijeron que “daba más energía, no te daba sueño y servía para que se te bajara la briaga”.

Es un estimulante convertido en un grave problema. “La cocaína había sido una droga muy importante, pero la llegada del cristal vino a hacer este cambio porque es de fácil acceso y más barata”, señala José Javier Mendoza Velásquez, coordinador de la Capacitación Nacional en el Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP, por sus siglas en inglés) encabezado por la Organización Mundial de la Salud.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, durante el 2016 acudieron 60 mil 582 personas a mil centros de rehabilitación no gubernamentales. Las sustancias reportadas como causantes de adicción estuvieron encabezadas por el alcohol (39.3%) y le siguió el cristal con (22.9%) muy por delante de la mariguana (14.3 %) y la cocaína (2.6%).

En los Centros de Atención Primaria en Adicciones, la mariguana es reportada aún en segundo lugar, pero las sustancias asociadas a las metanfetaminas (allí se incluye el cristal) son ya significativas. La alerta está encendida para el gobierno de la 4T.

El Güero platica que una dosis podía constarle entre 50 y 120 pesos, dependiendo del lugar y de la calidad de la sustancia. “Hay calidades: hay un cristal blanco, otro azul y uno rosa. La más diluida es el cristal azul y el más puro es el transparente”, explica.

Debido a que el cristal es un estimulante para el cuerpo, intensifica las emociones, la actividad física, incrementa la resistencia, aumenta la capacidad de mantenerse despierto y disminuye el apetito… pero genera adicción porque para recuperar esas sensaciones hay que consumir más.

El Güero optó por inhalar el cristal y se sentía con energía para ir de un lado a otro sin parar. Pero pasado el efecto “me daba mucha ansiedad y me daban ganas de estar fumando y fumando cigarro. Con el tiempo tenía que aumentar la dosis para sentir el mismo efecto”, confiesa.

Mientras incrementaba su adicción, comenzó a perder peso y se irritaba fácilmente y la relación con sus padres comenzó a ser complicada.

Indica que gracias a que fue poco el tiempo de su dependencia no tuvo consecuencias graves, Sin embargo, comenta que sus amigos que se quedaron enganchados ahora están muy delgados “y delirantes”.

Mendoza Velázquez, quien es también investigador del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la UNAM, advierte que lo peligroso del cristal es que “es una droga que genera menos riesgo en la intoxicación (inmediata), pero más riesgo en el consumo a largo plazo”.

El consumo de esta sustancia tiene consecuencias a largo plazo, como cambios negativos en la motricidad, en la retención de información, afecta en algunas partes del aprendizaje, en el control de las emociones y la memoria. También propicia sensaciones de paranoia y psicosis.

Otro muchacho que acepta brindar testimonio a Crónica es Julio, quien comenzó a fumar e inyectarse cristal a los 13 años. Su dependencia a esta sustancia duró una década y además de que confirma que al efecto placentero seguía el hambre y la sed, además solía perder parcialmente el conocimiento.

Cuando él quería seguir consumiendo, pero en su bolsa no tenía más que unos cuantos pesos, “era agresivo, me ponía a robar (autopartes), pedía dinero en la calle y me ponía pesado con la gente cuando no me daban dinero”. Julio menciona que debido al consumo constante tenía lapsos en los que no podía reconocer a las personas: “Se me iba la memoria. La vista se te alcanza a nublar… te empieza a doler la cabeza; me sentía con cansancio”, recuerda.

¿Y PAPÁ NO SE DIO CUENTA? La trampa del cristal también atrapa a los padres, ya que en la adolescencia estos síntomas pueden confundirse con los cambios de humor comunes en esa etapa de la vida. Sin embargo, el especialista Mendoza explica que “lo normal es que son constantes y no son agudos, inmediatos. En el caso de las adicciones, nos enfrentamos a cambios súbitos. Esas son las alarmas, que los cambios ocurren de manera repentina”.

El proceso para dejar de consumir esta sustancia no es fácil y requiere de tiempo. Una de las etapas más complicadas es la desintoxicación.

Mendoza incluso recomienda un tratamiento multidisciplinario para reforzar y ayudar a vencer la adicción, “es un proceso más largo y se tienen que cambiar los motivadores que te hacen volver a consumir”.

Julio fue internado en un centro durante dos años. Hoy labora en una empresa de limpieza y tiene poco más de 20 años sin probar ningún tipo de droga. Es difícil saber qué hubiera logrado de no pasar por ese trance.

Por su parte, El Güero fue adicto al cristal durante seis meses y también fue internado en un centro de rehabilitación. De hecho, allí sigue, donde busca a Dios, un poder superior, describe, que lo ayude en el proceso de recuperación y,sobre todo, en los momentos difíciles: “Hay días en los que todavía llego a soñar que estoy consumiendo y me despierto con ansias, me despierto nervioso y esos días son complicados”.

Tiene 17 años, así que aún está en veremos qué le depara el futuro si tiene contacto con el cristal. Ahora está muy firme en su propósito de rehabilitarse, de terminar con sus estudios de bachillerato y convertirse en arquitecto.

La Crónica de hoy

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