Elecciones en la Universidad

Por: Francisco Flores Legarda

En los órganos de gobierno no existen representantes de la comunidad universitaria, simplemente decanos interinos que hacen y deshacen a su antojo, igual ocurre con las más altas instancias del Rectorado, no le rinden cuentas a nadie, no son fiscalizados ni cuestionados pues no cuentan con ninguna oposición. La universidad es regida a una sola voz sin la participación democrática de estudiantes o docentes, nuestro estatuto de igual manera ha sido redactado unilateralmente con un espíritu subalterno vergonzante, ha blindado al rector de las disposiciones de la nueva ley universitaria y lo pretenden fungiendo de autoridad. Inevitablemente, han primado los intereses de secta, de grupúsculo antes que los de la universidad. Las defensas mediáticas de las autoridades enarbolando la construcción de nueva infraestructura son su único argumento frente a las objeciones incesantes de:

¿Por qué no se convocan concursos públicos para la docencia? Se persiste la contratación a dedo de subalternos del oficialismo recién egresado . ¿Por qué no se actualizan las currículas? ¿Por qué hay hacinamiento de estudiantes en el tristemente célebre “edificio multifacultad”? ¿Qué pasa con la investigación nula, las bibliotecas desactualizadas, los laboratorios de ínfima capacidad, los centros productivos que no producen nada?

¿Qué clase de gestión es aquella que nunca ha realizado un cabildo abierto? O lo que es peor, ¿Qué autoridad pretende ganarse el respeto de los estudiantes mientras cualquier atisbo de oposición, de cuestionamiento, de crítica o de propuesta alternativa, de denuncia a los malos elementos que denigran nuestra imagen institucional, son tratados como “terrucos, rojetes, anarquistas” y son marcados por los docentes?

Mucho menos razón de ser(si no se eligen también representantes docentes y estudiantes) más que ir tejiendo una correlación de fuerzas favorable al rector, para seguir ostentando el poder de ser la máxima autoridad universitaria en nuestra casa de estudios.

La reproducción cada vez más vomitiva de estas prácticas politiqueras no encuentra su razón de ser en la misma universidad,. Es decir, somos testigos de la asimilación tenaz de la politiquería como algo a lo que ya estamos acostumbrados, algo que poco a poco se vuelve parte de la cultura mexicana.

Dichas prácticas están encaminadas a favorecer la despolitización del estudiantado, su indiferencia y alienación frente a la problemática universitaria, lo cual facilita el tránsito de la corrupción y la decadencia de la calidad educativa y moral de la universidad.

En esta coyuntura, la intervención a la universidad es inminente, producto de las ansias de poder particulares. De aferrarse a cargos. Una intervención implica una derrota institucional, un atentado más a nuestra imagen, ser calificados de “ingobernables”. Lo bueno es que la intervención servirá para terminar con tanta argolla en las esferas de poder, sin embargo, tampoco es el santo remedio contra esta corrupción sistemática, más bien muchas veces es cambiar mocos por babas, ninguna entidad ajena a la universidad va a venir y ponerla a derecho cabalmente, son los mismos miembros de la comunidad universitaria quienes deben recuperar su universidad, con unidad, organización y dejando de lado posturas sectarias, practicando política de principios, pues si los corruptos se unen para defender sus intereses, con mucha más razón quienes apostamos por un cambio debemos unirnos, construir espacios, actuar. Si los estudiantes no hacen política, se la hacen.

“No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar.”

Salud y larga vida

Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho

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