Proyecto Géminis: un clon escueto y sin alma

En Proyecto Géminis, la más reciente cinta de Will Smith, los prometedores planteamientos morales respecto a la clonación quedan en un bosquejo.

Si algo distingue una parte de la filmografía del asiático Ang Lee, es la búsqueda de la conjunción del factor humano y los alcances tecnológicos, para ponerla al servicio de un discurso reflexivo con un enorme sentido dramático.

Así lo indican trabajos que van desde la incomprendida Hulk (2003) que, a pesar de sus inconsistencias, proponía un interesante y profundo acercamiento a un icono de los cómics de superhéroes con reminiscencias de tragedia griega –mucho antes de la estupenda Joker–, hasta la multipremiada La Vida de Pi (2012), en la que supo hacer del impacto visual la herramienta adecuada para elaborar una conmovedora disección de la naturaleza de los sentimientos.

Es una lástima que su más reciente películaProyecto Géminis, que en cierta medida tenía las mismas pretensiones, termine estando un poco más cerca de la ya mencionada adaptación de las aventuras del gigante esmeralda de Marvel, que la que le valiera el premio Oscar a mejor director allá por 2012.

En Proyecto Géminis seguimos los pasos no de un simple asesino a sueldo, sino del mejor de ellos, quien a pesar de sus habilidades extraordinarias, ya siente el peso de los años, por lo que decide sumergirse en el retiro.

Claro, todo iría de maravilla, salvo por que en su último encargo se topa con información que no debería tener y la agencia para la que ha estado trabajando decide no dejarle ir tan fácil y eliminarlo, misión que se encomienda a alguien tan o más capaz que él: su manipulada y depurada versión juvenil.

Sí, los puntos de partida y la estructura general son más que conocidos: un agente traicionado que debe ir esquivando las balas en su afán por desenmarañar las truculentas maquinaciones de sus perseguidores.

Una carrera de sobrevivencia que va por distintas partes del mundo, haciendo de los escenarios otro atractivo –yendo de Colombia a Hungría–, y que podría ser de simple fórmula, salvo que la trama hace de la clonación uno de sus temas principales.

Esto es lo que redunda en el llamativo uso de los alcances digitales, no para rejuvenecer al actor protagonista, que en pantalla aparece por partida doble –algo que ya se ha hecho–, sino para diseñar por completo a dicho personaje, y que este luego le otorgue su interpretación.

Sin duda es un recurso técnico impresionante que va más allá del simple efectismo, al representarle un interesante reto al talentoso Will Smith —Soy Leyenda (2007), Escuadrón Suicida (2016)—, quien encuentra un vehículo ideal para lucirse y vaya que lo aprovecha.

Por desgracia, los prometedores planteamientos morales respecto a la clonación sobre los que se sustenta, quedan sólo como un bosquejo y no van más allá de los diálogos que sirven como detonadores emocionales para la confrontación y que empujan el desarrollo de la historia que, si bien entrega elaboradas secuencias entre francotiradores con perspectivas rebuscadas y diversas herramientas inmersivas como el uso de la cámara subjetiva, además de estilizados combates en motocicleta; carece de ese trasfondo en el discurso que prometía la premisa.

Proyecto Géminis sorprende en la cuestión visual obra de Weta Digital –responsables de la trilogía de Lord of the Rings–, posee la intensidad emocional para desarrollar el conflicto, además de que como vehículo de acción funciona y con creces, pero eso es todo.

La Razón

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