¿Por qué tu smartphone se descompone después de dos o tres años?

Tras el reciente caso en el que se reveló que Apple reduce el desempeño de sus gadgets, en particular de las baterías, muchos podrán pensar que estamos ante una sucia trampa que nos obliga a comprar seguido, nuevos aparatos, y nuestro dinero se gasta sin remedio.

Esa idea no es del todo una mentira, algo llamado “obsolescencia programada”, nos habla de cómo algunos aparatos “convenientemente” se descomponen después de un tiempo.

En esta tónica, debemos analizar que los aparatos también tienen un tiempo de vida debido al desgaste natural de los componentes electrónicos.

Todos los aparatos y los materiales que utilizan, incluso a nivel circuitos, están pensados para “morir” en algún momento.

Comenzamos con el promedio de 500 cargas que la mayoría de las baterías de litio utilizadas en los celulares, tienen. Después vamos a los circuitos, tras un tiempo, reducen su desempeño, e incluso dejan de funcionar.

Las pantallas de igual forma tienen un tiempo de vida determinado. Pasando su tiempo uso útil, dejarán de funcionar y simplemente no encenderán más.

Software

Por otro lado, están las actualizaciones de software, que habilitan nuevas funciones que -por ejemplo-  requieren ciertas apps, o páginas web para funcionar, y que requieren cada vez mayor capacidad para ser utilizadas de forma pertinente.

Los chips y procesadores antiguos, cada vez serán menos eficientes para tareas más demandantes. Con ello se viene el fin de los teléfonos viejos, para correr Facebook que en la actualidad utiliza mucho el formato video, y por lo tanto, requiere de más velocidad de procesamiento.

Es una cuestión de demanda y oferta: Los desarrolladores buscan captar la atención del público usuario utilizando mejoras que les dan ventaja sobre otros, y nosotros mismos, lo consumimos, por eso los nuevos aparatos están preparados para lo que se viene -y ya existe- y con el tiempo, lo antiguo queda obsoleto.

Por lo tanto, el hecho de que tu aparato tenga un tiempo de vida, no solo va de la mano con una trampa comercial, es un conjunto de circunstancias que se suman: Necesidades cada vez mayores de procesamiento, mayor memoria y/o velocidad, nuevas utilidades, y el desgaste natural de sus componentes.

Estamos condenados a gastar en aparatos, si queremos utilizar las tecnologías.

 

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