Lo que no perdona Monroe

Por: Ing. Agustín Hernández Rojo

Las 13 colonias fueron comiendo poco a poco los territorios de los indios nativos, de los Siux, Apaches, Cheyennes, Cherokees, Navajos, Omahas, Mogollones… luego la compra de la Luisiana a los franceses, la compra de la península de Florida a los españoles, el método perverso de alentar la residencia de estadounidenses en el Tejas mexicano con la finalidad de gestar una revolución desde dentro, una vez tomado Tejas y utilizándolo de excusa para invadir la Ciudad de México, forzar la venta de los territorios del Norte, la Alta California y Nuevo México. Posteriormente la compra de Alaska a Rusia y la anexión de Hawai bajo el mismo modus operandi que emplearon en Tejas, y más recientemente el caso de Puerto Rico.

Las colonias estaban conformadas por ingleses, neerlandeses, irlandeses en su mayoría ex convictos y renegados; es decir los países europeos no mandaron a sus mejores hombres a la aventura del nuevo mundo y se debe puntualizar también que sacaron a sangre y plomo a los verdaderos nativos.

Esta cultura bélica ha sido heredada por generaciones y ahora vemos los resultados de promover una nación basada en las armas, el odio y la xenofobia. En el pecado llevan la penitencia.

Lo que no perdona Monroe y sus seguidores es que el expansionismo insaciable que otrora buscara hacerse de América entera y que perversa y erróneamente clamaba “América para los americanos” se topó con un muro inquebrantable llamado México y una Latinoamérica más o menos unida, al menos por el idioma y costumbres. Desde entonces se han tenido que conformar con un pedazo de nuestro vasto y rico continente americano.

Ahora que observan la reconquista migratoria de nuestros territorios perdidos, buscan construir un muro para detener lo inevitable: el crecimiento exponencial de la población latina en EE.UU. y la necesidad de mano de obra latina que es indispensable para la economía estadounidense.

Porque América es todo el continente, desde la ignota Groenlandia hasta Tierra de Fuego y americanos somos todos los que nacimos en este Nuevo Mundo.

Como dijera el gran José Marti: “Una república no puede ahogar a otra república sin contradecirse en su misma esencia”.

¡América para los Americanos!

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