¿Qué acordaron AMLO y Trump?. Urge.

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: mnarvaez2008@hotmail.com

Hasta que el gobierno de México no haga público el acuerdo suscrito con Estados Unidos para impedir los aranceles a las exportaciones aztecas, la suspicacia será reina en tierra de tuertos.

Para el análisis concienzudo el gobierno mexicano habría pagado una factura mayor con relación a los beneficios de atajar el impuesto arancelario escalonado que la administración nacionalista de Trump pretendía imponernos.

Se advierte que Donald Trump se impuso para que México sea un tercer país seguro, se utilice a la Guardia Nacional para frenar la inmigración ilegal y se reduzca el déficit comercial al aumentar las importaciones de alimentos norteamericanos.

No se necesita ser un erudito para entender que, de haber prosperado la medida impositiva norteamericana, las exportaciones mexicanas habrían sufrido una fuerte presión, aunque el costo final lo hubiesen pagado los consumidores del vecino del norte.

Fiel a su estilo amenazante y estridente el presidente estadounidense enfocó su artillería tuitera en contra de los intereses de México para disminuir el déficit comercial que mantiene con nuestro país desde hace décadas.

Al igual que lo hace con el gigante asiático (China), Trump no se tentó el corazón y en una semana hizo trastabillar la paridad del peso mexicano frente al dólar, acompañándolo de la degradación a la calificación crediticia de PEMEX, la mayor empresa mexicana generadora de divisas.

Desde la óptica del gobierno de México el “acuerdo” que frena la intentona nos beneficia. Si, tomando en consideración que, de haberse concretado, nuestra economía estaría más cerca de la recesión, cuando el crecimiento del PIB es paupérrimo y como consecuencia de la nula inversión pública de la actual administración federal.

Apurado por dar la impresión de que fue una victoria para su gobierno, el presidente mutó el mitin de la dignidad convocado en Tijuana, por una celebración. Ante escasa concurrencia y arropado por un puñado de gobernadores, la mayoría de MORENA, Andrés Manuel y Marcelo Ebrard, el secretario que encabezó las “negociaciones”, destacaron el “acuerdo” y que no se perdió la dignidad. Ya veremos qué tan salados o picosos resultaron los cacahuates.

De lo que se sabe del mentado “acuerdo”, se obliga al gobierno de México a implementar medidas extremas para contener el descontrolado éxodo ilegal que ha pulverizado la frontera sur. Para tales efectos se ha desplegado a la Guardia Nacional en las riberas del Suchiate con el fin de reforzar el muro policíaco y hacer valer el Estado de derecho.

Esto es un reconocimiento para hacer cumplir la ley en materia de migración, que no cesión a las pretensiones de Trump, sino el recule del presidente mexicano a la cuestionada postura de abrir la frontera sur a la migración sin control.

Comparto el interés del presidente de México de respetar los derechos humanos del migrante y cooperar para ayudar a los países centroamericanos a superar la situación de emergencia por la que atraviesan, pero no estoy de acuerdo de que sea a costa de los intereses de mis compatriotas, de la seguridad en la frontera norte y por encima del ordenamiento constitucional.

Sin pretender ser egoísta, en mi orden de prioridades están los mexicanos y las relaciones bilaterales con nuestro mayor socio comercial, aunque muchos de sus presidentes sea unos hdsrpm. No me parece que en la aventura de andar faroleando allende las fronteras, se nos insulte privilegiando el culto a la personalidad cuando ni siquiera hay resultados claros ni óptimos de esta administración.

Insisto, dicho “acuerdo”, del que desconocemos su contenido real y alcance, estaría obligando al ejecutivo federal a comprar alimentos a los norteamericanos. Si bien es cierto que dejamos de ser autosuficientes hace tiempo y que hace mucho importamos todo tipo de productos provenientes de las granjas y cultivos al norte del Bravo, para saciar la demanda de este lado, también es cierto que una ampliación de esas importaciones, con el afán de reducir el déficit comercial gabacho, los productores mexicanos salgan afectados.

Hay que tener memoria, afectación muy arraigada entre quienes tienen alma de ganado ovejuno. Con mucho cariño les refresco que perdimos más de la mitad del territorio mexicano por culpa de presidentes muy populares, disfrazados de héroes y patriotas, sin pericia política, pero soberbios y centralistas. Con todo respeto les recomiendo que lean La guerra del atún, costosa derrota que pagaron los pescadores mexicanos.

Por lo pronto nos regresó el color. En esta semana de nervios y orgullo maldito, para no pocos, Trump se salió con la suya en la escaramuza mediática de los aranceles; mientras que en las filas del presidente mexicano celebran el “acuerdo” y no haber perdido la dignidad.

Para honrar la palabra y las adhesiones de botepronto, hace falta que se haga público, a la brevedad, el contenido completo del “acuerdo”.

Es cuanto.

 

 

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