El italiano Riccardo Fraccari, presidente de la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol (WSBC), anunció en La Habana que después de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, los partidos internacionales en todas las categorías tendrán una duración de siete entradas.

Según Fraccari, el objetivo de esa medida es globalizar aún más el béisbol y puede ser un factor crucial para que el deporte sea readmitido en el calendario de los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028.

El béisbol regresará a los Juegos Olímpicos el año próximo en la capital japonesa, pero fue excluido del programa de París 2024. Al explicar la decisión, el directivo dijo que la demora más amplia de los juegos de pelota actualmente es entre la séptima y la novena entradas.

“Esto acortará como mínimo una hora de duración a los partidos”, agregó el italiano.

Por ahora, esto aplica solamente para los eventos organizados bajo el manto de la WSBC, pero no deberíamos asustarnos si la propuesta llega a las Grandes Ligas.

La oficina del comisionado de MLB estará monitoreando la Liga Atlántica independiente, donde se pondrán en práctica nuevas reglas tendientes a acortar la longitud de los encuentros.

No es de extrañar que tarde o temprano los juegos de siete episodios lleguen a las Mayores, aunque ello implicaría cambios conceptuales de peso.

Con los partidos a siete innings, podrían reaparecer los pitchers que lancen juegos completos, cada vez más en extinción en la actualidad.

Al mismo tiempo, perderían valor los relevistas intermedios, pues se necesitaría menos de sus servicios.

En un juego normal, sin mucha ofensiva, si acaso haría falta un apagafuegos para el sexto episodio, para prepararle la mesa al cerrador que venga a sacar los últimos tres outs del séptimo.

Los 200 innings de labor para un serpentinero en una temporada serían más escasos, como también se afectarían muchos récords ofensivos, pues los bateadores, que usualmente tienen cuatro turnos en un partido, tendrían si acaso tres.

Eso significa menos oportunidades de pegar hits o jonrones, así que Ichiro Suzuki y Barry Bonds podrán dormir tranquilos.

Si el recorte a siete entradas llegara a las Grandes Ligas, los 262 imparables de Ichiro en el 2004 o los 73 vuelacercas de Bonds en el 2001 se volverán tan inalcanzables como las 511 victorias de Cy Young o los 4,256 cohetes de Pete Rose a lo largo de sus respectivas carreras.

Y no se extrañe nadie si esto también trae aparejada una reducción en el salario promedio de los jugadores.

Con siete innings habrá dos oportunidades menos de anuncios comerciales en la televisión, aunque esa sería la causa de mayor peso para oponer resistencia a la medida.

Por el momento no se ha hablado del asunto al nivel de las Mayores, enfocadas ahora en acelerar el juego de otras maneras, como la limitación de las visitas al montículo o la obligatoriedad de enfrentar al menos tres bateadores por cada lanzador.

Pero ya llegará el momento en que, en dependencia de los resultados que arroje la aplicación de los siete innings en los torneos de la WSBC, la MLB se aventure a seguirle los pasos.