Green book, un relato crudo del racismo

La cinta nominada a cinco Oscar se inspira en la publicación que indicaba los establecimientos donde eran aceptados los negros; sigue la historia de un pianista.

En muy fácil disfrutar y dejarse llevar por la enorme humanidad que acompaña la cuidadosa manufactura de la más reciente producción de Peter Farrelly: Green book. Su ritmo cadencioso, lo evocador de los escenarios, el encanto de los personajes, y la sensibilidad que tiene para tocar temas delicados, acentuando la crudeza de los mismos con diálogos que ofrecen una elocuencia innegable, son suficiente para enganchar a cualquiera.

Sin embargo, lo que representa su principal virtud, es también lo que le resta contundencia a la reflexión y le guía irremediablemente hacia la condescendencia.

Seguimos los pasos de un italoamericano del Bronx que, en los 60, acepta el trabajo de conducir el auto del aclamado pianista negro Don Shirley, durante la gira que inicia por los parajes sureños de Estados Unidos —impregnados hasta las extrañas del racismo más recalcitrante—, teniendo como referencia el infame Green Book, publicación que indicaba en qué establecimientos eran bien recibidos los afroamericanos. Esto le lleva a convertirse en algo más que un chofer, como bien dice el ridículo agregado del título en español Una amistad sin fronteras.

“Ganador del Oscar a Mejor Actor de Reparto en 2017 por Moonlight, se mete en la piel de un virtuoso pianista. Busca llevarse a casa su segundo Oscar como Mejor Actor de reparto por este trabajo”

Mahershala Ali

La ya probada fórmula del encuentro entre dos personajes opuestos, llevada a un contexto de tales implicaciones, no podía ser más adecuada y llena de posibilidades. El asunto aquí, es que los temas que apunta desde el principio y con los que luego coquetea durante todo el trayecto, se quedan sólo como un agregado para sustentar el sentimentalismo, dando como resultado una propuesta conmovedora, pero algo estéril en su discurso. El mentado libro nunca tiene un peso real en el relato y no va más allá de lo anecdótico.

Es evidente que en realidad el director —que ha dejado muy lejos sus tiempos desfachatados de Loco por Mary—, nunca se decide a tirarse a fondo y prefiere ofrecer una crítica amable y conveniente, de ésas que suelen ser del gusto de la Academia, no por nada tiene cinco nominaciones a los premios Oscar.

“Está nominado al Oscar en la categoría a Mejor Actor. Tuvo que subir de peso para darle vida a Tony Lip. Plantea que trabajó con su director para no dar una imagen estereotipada de su rol”

Viggo Mortensen

En ese sentido, también juega a su favor el irresistible aire al Hollywood clásico, que proyecta entre el contraste de la nostalgia de lo sofisticado y la evocación de lo mundano. Además, por supuesto, del dedicado trabajo de Viggo Mortensen, que, para dar vida al ya mencionado chofer, acompaña la transformación física, de una sutil transición emocional, encontrando la química natural sobre la que teje la encantadora relación con su coprotagonista, interpretado por Mahershala Ali, quien apuesta acertadamente por la sobriedad como herramienta principal.

Sin duda, Green book es débil en el trasfondo, pero impecable en su forma y emotiva en su desarrollo, además de que sabe aprovechar los convencionalismos para ser completamente digerible, sin caer en la frivolidad, y en compensación por lo tibio de su reflexión, entrega momentos divertidos y entrañables, pero nada más.

  • El Dato: El largometraje compite en los premios Oscar en Mejor Película, Mejor Actor, Actor de Reparto, Guion Original y Edición.

La Razón

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