La guerra secreta.

Por: Francisco Flores Legarda

Ten cuidado en cómo miras el mundo porque el mundo será como lo mires.

Jorodowsky

La presentación de las propuestas a titulares de medios públicos -conocido como Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano- hecha el 23 de enero recién, quedó sin la atención merecida. En parte porque los medios privados están procesando la información, pero sobre todo han sido los sucesos de Venezuela el centro de la atención. Circunstancia aprovechada para encender una vez más la aversión hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador. Un hasta entonces desconocido diputado venezolano se autoproclamó presidente de su país y aquí en México, como activados por un resorte, diversas voces le piden al presidente que se meta de cabeza en el lío venezolano. Es por la democracia y los derechos humanos que se le exige romper lanzas en contra del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Si algo debe caracterizar a la diplomacia es la prudencia para ser factor de contención antes que catalizadora de conflictos.

Independientemente del fundamento constitucional y doctrinario para no sumarse unilateralmente al conflicto, en el comportamiento del gobierno de México hay una pragmática de larga data parcialmente interrumpida en los últimos tres sexenios. Se trata de no hacer al vecino lo que no quieras que te hagan a ti. Parece sencillo pero el aprendizaje fue traumático.

Es inocultable que en la disputa venezolana Donald Trump ha enviado un expreso para controlar al país sudamericano y servirse mejor de los beneficios del petróleo. La justificación es la democracia y los derechos humanos, pero Trump, ni su oportuno asociado Bolsonaro, tienen las mejores credenciales al respecto. No menos importante para Trump es llamar la atención de los votantes norteamericanos pulsando bajos sentimientos discriminatorios. Es increíble que los liberales en México se suban al expreso en calidad de compañeros de viaje.

Así como México no quiere insinuar siquiera la aprobación de la intervención del presidente de Estados Unidos, porque tiene claro que esa receta se la pueden aplicar y sin mediar justificaciones ciertas. Semejante, pero no igual, es la respuesta de algunos países de la Unión Europea y con preocupación miran los mensajes que se envían desde Rusia sobre el conflicto de Venezuela.

Si la geopolítica es una teoría y práctica que nació con la formación de los estados nación, desde la afanosa búsqueda de tierras en ultramar y todas las guerras que se han sucedido desde entonces. Lo que sucede en Venezuela no trae novedad alguna. La extrañeza sí está en el proceso de globalización económica desatado desde hace más de tres decenios sin establecer las coordenadas para un gobierno mundial. Querer una dinámica comercial sin fronteras sobre la base de la vigencia de los estados nacionales es un contrasentido. Ya se ven los efectos de ese defecto: el ascenso de Trump, la votación del Brexit, la inquietud por el populismo etiqueta que a fin de cuentas renombra al nacionalismo.

Venezuela ahora, lo que no se ha alcanzado en el secular conflicto del Medio Oriente, se puede convertir en el inicio de una conflagración que mucho lamentaremos. Por eso se reconoce la sensatez que asiste al gobierno de México para llamar al diálogo y negarse con rotundidad a sumarse a la escalada del encono.

Salud y larga vida.

Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.

@profesor_F

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