Gobernantes se esconden ante violencia

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: mnarvaez2008@hotmail.com

Todo indica que la democracia en México sirve para dos cosas, usted ya las conoce.

El caso de ciudad Juárez es emblemático, centrando el tema en esta entidad. Los tres órdenes de gobierno provienen de filiaciones ideológicas distintas, pero de este trío no se arma nada eficaz para contener la violencia.

Del principal responsable que juró traer la paz y proteger a los chihuahuenses, ni sus luces. No vale la pena seguir gastando energía en alguien a quien lo único que le interesa es abrir la boca para escupir fuego y farolear con el fin de sobrellevar el déficit de atención que padece desde niño.

El que tiene la responsabilidad de prevenir la inseguridad en el municipio se encuentra  distraído en sus aspiraciones por aparecer en la boleta electoral del 2021, por lo que sus esfuerzos y recursos están más centrados en obtener bonitas gráficas entregando dádivas y cortando listones. Mientras tanto, los agentes municipales son abatidos y las calles son tapizadas con las siluetas de los ejecutados.

El que acaba de llegar a la presidencia no tiene ni la más remota idea de lo que ocurre por estas tierras, o le vale madres. Salvo el teatro armado en campaña para emular el gobierno itinerante de Juárez García y la vista relámpago donde anunció medidas fiscales a la baja, que aun flotan en la duda, no ha tenido los suficientes para encarar con vergüenza el indiscriminado aumento de las muertes violentas, en su mayoría con cargo al crimen organizado, en la otrora frontera más fabulosa del mundo.

Cierto, los delitos del orden federal y del fuero común no son exclusivos de Juárez, la semana pasada también fueron agredidos municipales de la capital, otra mujer asesinada fue localizada en el municipio de Cusihuriachi, hubo tres ejecutados en Carichí y el hijo de un prominente empresario de Cuauhtémoc habría sido encontrado muerto.

Por ser la ciudad con mayor población y pujanza económica de Chihuahua, así como su ubicación estratégica, esta frontera  es atractiva para inversores, para el crimen organizado y los políticos. No en vano fue catalogada como “un volcán” por un exalcalde y excandidato a gobernador nativo de estos lares.

La percepción de temor por el regreso de los tiempos violentos ha aumentado entre la población, de eso dan testimonio choferes del transporte público y empleados de la industria maquiladora. En los cafés no faltan las mesas donde la charla negra hace recuento de los muertos.

Es muy notoria la preocupación y el miedo, también el desencanto por las autoridades. El entusiasmo de hace unos meses se desvanece al mismo ritmo que aumentan las cifras de las ejecuciones, agresiones a la policía y la extorsión a negocios. A este paso difícilmente los juarenses y en el resto de la entidad va a querer comprometerse a participar en las siguientes elecciones.

Aquí está el mejor laboratorio político para comprobar que así sea de chile (o sin él), de dulce o de manteca, cuando cada quien jala para su lado y vela egoístamente por sus intereses, los gobernados son lo que menos les importa. Al cabo ya con el poder y el presupuesto en la mano, que la gente se rasque como pueda.

En lo personal no soy partidario de la expresión “estábamos mejor cuando estábamos peor”, pero parece que a un amplio sector de la población la democracia ha traído más ruina que beneficios.

Ojalá que las palabras del escritor peruano, Mario Vargas Llosa, cuando calificó a México como “la dictadura perfecta”, durante la hegemonía priísta, no se conviertan en el epitafio de los gobernantes conservadores, izquierdistas e independientes.

Es cuanto.

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