El gobierno federal huachicolea a los mexicanos.

Por: Ing. Agustín Hernández Rojo

 

El gobierno federal está realizando acciones que de inicio -al grueso de la población- le parecen formidables, pero no se dimensionan las consecuencias que pueden acarrear. Lo que importa de momento son los réditos políticos, que al pópulo le agraden las decisiones, que aplaudan y vitoreen. En la forma parecen soluciones formidables, pero en el fondo son pésimas y cuidado que así es como la democracia degenera en oclocracia.

Hoy por hoy el valioso hidrocarburo es el que permite que todos los negocios se lleven a cabo, desde la antigua máquina para hacer tortillas de un pueblo de México, hasta las flotillas de tráileres para transportar los productos de grandes franquicias a diversos puntos de venta. Vivimos en una economía que se mueve en gran parte por los hidrocarburos y el hecho de cerrar la llave que suministra dicho combustible con la finalidad de terminar con el huachicoleo es una solución tan absurda como matar moscas a cañonazos o quemar una pradera entera para terminar con una plaga focalizada. La manera de arreglar este tipo de problemas debe ser con operaciones finas, dando con los responsables, aumentando las sanciones, revisando al sindicato de Petróleos Mexicanos, a la propia paraestatal e incrementando la vigilancia en los puntos más riesgosos de robo de combustible.

Desafortunadamente todo este tipo de incidentes vienen encareciendo el costo de gasolina, en el cual se considera -implícitamente- el costo por perdida, comisiones turbias, adicionando los impuestos injustos que a su vez representan la mitad del precio final de la gasolina. De una u otra manera quienes siempre terminan pagando los platos rotos son los ciudadanos que por lo pronto siguen varados haciendo filas larguísimas por horas en las gasolineras, sin posibilidad de transportarse; médicos que no pueden llegar a atender a sus pacientes, ingenieros que no llegan a tiempo a la supervisión de las obras, estudiantes que no llegan a clases, enfermos crónicos que no llegan a urgencias al hospital.

Mientras el gobierno federal no dimensione la repercusión de sus decisiones y se de cuenta que ya no es oposición, sino gobierno que debe velar por todos los ciudadanos mexicanos, buscando siempre el bien común.

Esperemos y los rumores de cancelación de importación de gasolina por parte del gobierno federal sean falsos, pues de lo contrario detonaría en una crisis fortísima. Ya ni hablemos del aeropuerto, ni del avión presidencial, en los cuales se terminará pagando indemnizaciones millonarias por cancelación de contratos a las empresas, las cuales serán totalmente estériles.

Una sociedad en donde se remunera la improductividad y se castiga la productividad, se termina convirtiendo en una sociedad destinada al fracaso. Si bien es cierto que pagamos un alto precio por la gasolina, es aún mayor el precio que pagaremos por su desabasto y por políticas públicas ilógicas.

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