Twitter es Troya

La lectura colectiva de la ‘Ilíada’ es la aventura que corre como fuego en la red social.

Entre antiácidos y resaca, algunos; otros frescos y madrugadores, cientos de lectores se reúnen desde las primeras horas de ayer alrededor del mundo para saludar el año en un mismo acto. Un gesto silencioso que en la hoguera del Twitter, donde las llamas son gritería, se antoja heroico: la lectura de un poema.

El relato arde. Y conforme avanzan las horas el fuego se expande: los que encendieron la pira días antes arrojaron versiones de diversas traducciones del texto al español; alguno lanzó lo que considera “el mejor comentario”, publicado en inglés; mientras que otros alimentan la lumbre con obras maestras de la pintura que dan rostro a los héroes y diosas que aparecen en la historia.

Pablo Maurette lo ha vuelto a hacer. Esta vez, bajo el hashtag #Homero2019. La lectura colectiva de la Ilíada, a la que invita a comenzar el año, a razón de un canto por semana -y a continuarla con la Odisea.

Hace 366 días el nombre de este profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Chicago comenzó a dar la vuelta al planeta. Su hazaña, mandar un tuit. Una provocación. Nada polémica ni escandalosa. Pablo Maurette se hizo famoso el año pasado en cosa de semanas porque provocó en miles de lectores en español el entusiasmo por leer. A través de su cuenta, @maurette79, el escritor e investigador argentino compartió su interés por un clásico: La Divina Comedia. 100 días 100 cantos, comenzando el 1 de enero.

Al poco tiempo, catedráticos y escritores vertieron su sapiencia y referencias donde taxistas y estudiantes compartían preguntas y descubrimientos, en un espacio virtual marcado como #Dante2018. Unos lo asumieron como un reto mayor, como el profesor de Columbia Humberto Ballesteros, quien publicó un ensayo cada día por cada uno de aquellos 100 cantos. Otros aportaron sus propias ilustraciones, incluso el diseño de un tarot.

A la aventura lectora de la Comedia siguieron #Boccaccio2018, con el Decamerón, y #Cervantes2018, con el Quijote. Y el entusiasmo de emprendedores alternos que sobre las brasas de Dante avivaron otras fogatas: #Ovidio2018, #Kafka2018, #Tolstoi2018, #Borges2018 y las más recientes: #Joyce2019 y #Shakespeare2019.

Nadie imaginó el impulso que tomaría la convocatoria de Maurette. Ni él mismo -confesó en una entrevista con el diario argentino La Nación-, pues ya lo había intentado antes. “Y nadie se prendió”.

Quizá fue la primera imagen articulada del infierno, aquella que introdujo Dante en el albor del Renacimiento, lo que terminó por encender esa antorcha orféica que ha pasado de tuit en tuit sin apagarse a lo largo de un año de leer o releer en colectivo grandes clásicos, esas obras que -dice Maurette- nos atraviesan aunque no las leamos.

Los humos del banquete homérico se huelen ya por todas partes. De Australia -los primeros- Buenos Aires, Río, Madrid, Las Vegas y la mismísima Arcadia, en el Peloponeso, los invitados toman asiento y ofrendan a la gran mesa donde se narra la cólera del pélida Aquiles. La guerra de Troya.

En este círculo el deleite erudito conversa horizontal con el asombro de quien viene con su viejo libro de la secundaria en la mano.

Un banquete al que muchos han llegado porque la llamada es a leer juntos. Y entre tanto ruido, el leer-juntos es volver a sentarse y escuchar en torno al fuego. Como antes. Recuperar esa forma del Ser, que es ahí, al calor y la luz del poema.

El Financiero

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