Ese grinch no nos amarga la navidad

Por: Manuel Narváez Narváez

Email: mnarvaez2008@hotmail.com

Se termina el año. El 2018 ha sido el más difícil para Chihuahua, por lo menos en los últimos 6 sexenios.

Desde el movimiento estudiantil de 1985, la dura situación de los feminicidios de la administración 1992/98, los aciagos e interminables días de la brutal violencia entre 2008 y el 2011 y del vulgar atraco del anterior mandatario estatal, la entidad no había pasado por un período tan destructivo y regresivo.

Es muy, muy triste ver como la indolencia de una persona es capaz de convertirse en la pesadilla de todo un pueblo. Dos años bastaron para que los chihuahuenses fuéramos testigos de cómo se han ido por el drenaje los sueños de un mejor presente. Ya no digo regalo, sino de la posibilidad de restaurar la justicia efectiva, no efectista.

Al momento de redactar estas líneas eche a volar mis recuerdos y no, no encontré el parámetro de algún gobernante con el nivel de ruindad como el que todavía nos gobierna. Vinieron a mi mente distinguidos apellidos como: Cervera, Villanueva, Sansores, Murat, Marín, Moreira, Baeza, Duarte (2) y hasta Peña, pero ninguno me pareció digno sinodal para el que tenemos.

En yuxtaposición, hace muchos años existió un hombre cuya virtud, además de poseer el don de la palabra, era la de predicar con el ejemplo. Guillermo Prieto Luján fue capaz de pregonar con convicción la doctrina humanista y de defender con pundonor los postulados de Acción Nacional. Lamentablemente quedan muy pocas personas honorables como ese gran líder.

Retomando el resumen de este año, es preciso puntualizar que el deterioro de las instituciones del Estado frente a la delincuencia organizada es devastador. Para los que vivimos en la entidad, es muy notorio el avance de grupos delictivos que ya tienen presencia en grandes extensiones territoriales por la debilidad o nula presencia de las fuerzas del orden, sea estatales o federales.

Una odiosa comparación de ahora con la de 6 o 7 años atrás, refleja que entonces había regiones o zonas muy específicas de influencia de los grupos delincuenciales. En estos tiempos, el abandono institucional del poder ejecutivo estatal actual, ha propiciado que diversas ramas y escisiones de esos grupos la hayan extendido hasta muchas cabeceras municipales.

La violencia ha alcanzado en su onda expansiva y casi fuera de control, a la actividad comercial. Es conocido por todo chihuahuense, solo en palacio de gobierno y en la fiscalía no se enteran, que la extorsión es la reina de la diversificación delictiva prácticamente en todos los municipios al oeste de la carreta federal 45.

Empresarios, comerciantes, maestros, médicos, ingenieros y empleados de empresas que operan en las municipalidades serranas son víctimas frecuentes de ese delito del fuero común. Solo el que no vive en esa región y cuenta con una seguridad personal de más de 25 elementos fuertemente armados y con el apoyo logístico de un convoy con al menos 5 camionetas blindadas, es capaz de circular sin temor.

Pero no es únicamente la pérdida de vastas extensiones de territorio frente a la delincuencia organizada, la violencia que generan y el clima de inseguridad que se percibe, sino también el deterioro que está sufriendo la infraestructura carretera. Por la falta de mantenimiento, deliberado o no, y esto incluye a la federación, las carreteras que conectan a Chihuahua y con el resto del país, se encuentran en su peor momento.

No solo es la preocupación de desplazarse a otras poblaciones por la presencia de retenes y halcones al servicio del crimen, sino el peligro que representa sufrir un accidente por las deplorables condiciones en las que se encuentran la mayoría de carreteras importantes y secundarias.

Para rematar, el paupérrimo crecimiento económico local, digo, si es que existe, ha arrastrado a miles de familias a sumarse al comercio informal. A simple vista, en cualquier ciudad grande, mediana o pequeña, los tianguis crecen sin control. Los carritos o puestos de comida y pequeños locales de alimentos y planchaditos se multiplican como consecuencia del nulo empleo bien remunerados o por el despido masivo de la burocracia que hace la talacha.

El coctel se ve muy explosivo, más cuando el pleito y la oposición a ultranza es el filo de las políticas públicas del que despacha como gobernador. Esa bipolaridad desquiciante nos está llevando a un derrotero del que muy difícilmente vamos a retornar.

El daño que se la ha causado a los chihuahuenses puede resultar irreversible. Estamos en una carrera parejera como la que emprendimos contra el cambio climático; es decir, ya no hay tiempo y es muchísimo lo que está en juego.

En fin, que ese psicodélico grinch no amargue la navidad. Sintámonos satisfechos y orgullosos de que por nosotros no ha quedado. Abracemos a nuestras familias, atesoremos a nuestras amistades incondicionales y compartamos con el desvalido estas fiestas. Y nunca perdamos la fe y la esperanza.

P.D. En Chihuahua somos mucha pieza y de una sola para los huérfanos de la razón.

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