Acabar con el negocio parlamentario

Por: Manuel Narváez Narváez
Email: mnarvaez2008@hotmail.com

La cuarta transformación del sistema político mexicano debe incluir la reducción de legisladores federales y locales.

Limitar dicha transformación a la reducción de salarios y eliminación de las prestaciones de lujo a la clase política privilegiada sería como recetar un placebo temporal a la enfermedad crónico/degenerativa que padece el régimen.

A reserva de contabilizar el número de legisladores totales que sangran el erario anualmente, es imperativo reformar la constitución federal para reducir su núemro en el congreso federal y los locales, así como desterrar el abuso y agandalle reiterativo de candidaturas de mayoría relativa fáciles y el enlistamiento de parientes o familias políticas por la vía plurinominal.

Si revisamos el medallero del número de veces en el que políticos de todos los colores y geometrías han ocupado cargos de elección popular, por las vía plurinominal, México sería campeón indiscutible.

La vía plurinominal es la más recurrida por que asegura la posición por tres o seis años, según sea el cargo. La lista de beneficiarios es kilométrica y no se salva ningún cártel partidista, donde destacan vividores y vividoras de cualquier ideología con hasta tres legislaturas senatoriales, 4 diputaciones federales o 4 locales.

No obstante el cinismo de promediar 21 años brincando de una cámara a otra, incluidos congresos locales; muchos de esos desvergonzados heredan o alternan los cargos con sus cónyuges, vástagos, segundos frentes y familia política. No estoy contabilizando los años regenteando las dirigencias partidistas.

Habida cuenta de la ausencia de escrúpulos en la democracia a la mexicana, la mayoría de esos proxenetas de la política también se apropian de plazas en la administración pública, en los organismos parias llamados descentralizados, desconcentrados, autónomos y de cátedras en las universidades públicas.

Por mencionar un ejemplo. En el estado de Chihuahua hay cuando menos una decena de notables que acumulan en su palmarés individual hasta cinco cargos plurinominales y once en lo familiar.

Para colmo de la codicia. Entre esos desvergonzados están los que han aprovechado la herencia de un apellido destacado en las lides políticas o bien, echado mano del tráfico de influencias para acomodar hasta una docena de familiares en diversos puestos que garantizan una bolsa global anual de tres millones de pesos o más. Si pudiesen, incluirían al perro o al perico en los programas sociales para que reciban croquetas o alpiste.

El argumento de los pocos aludidos que han respondido a los señalamientos es que si tal o cual familiar forma parte de la nómina pública, es gracias a que en alguna ocasión pegó una calcomanía, ondeó una banderita del partido o apareció en una foto del algún mitin. No´mbre, para ser cínico no se requiere bandera de pendejo.

Pero ya a tono con la transformación que pretende el futuro presidente de la república, esta es la ocasión para terminar con las termitas que carcomen el poder legislativo y la administración pública en nuestro país. De otro modo, dudo que se presente una mejor oportunidad en el corto plazo, que cristalice el reclamo de millones de mexicanos para frenar a la depredadora clase política.

Y como lo vengo haciendo desde hace años, comparto algunas ideas que pueden ser de utilidad a los legisladores de la mayoría que dice hará historia:

1.- Reducir el número de legisladores federales plurinominales, diputados y senadores, de 150 a 50, y de 32 a 16, respectivamente.
2.- Incorporar la figura de legislador por prelación, es decir, que ocupen las curules quienes hayan obtenido los mejores porcentajes de votación. Alternándolos con la lista de partido, siempre y cuando éstos últimos sean colocados en las posiciones pares.
3.- Elegir a los senadores plurinominales que no pertenezcan a los electos por la vía de primera fórmula perdedora, de entre las fórmulas con los mejores porcentajes por estado y alternarlas con los de los enlistados en los números pares.
4.- Prohibir que los dirigentes partidistas sean candidatos por ninguna vía, a menos que hayan abandonado el cargo un año antes de la elección inmediata.
5.- Limitar a dos las candidaturas por la vía plurinominal, locales o federales.
6.- Prohibir las candidaturas plurinominales y/o de mayoría relativa inmediata consecutiva a los familiares hasta el cuarto grado y familiares políticos de dirigentes partidistas en activo y de legisladores que recién culminen su período.
6.- Prohibir el relevo del período inmediato consecutivo a familiares en las dirigencias partidistas.

Estos son tiempos para los mexicanos, justo y necesario es que la confianza deposita en las urnas a favor de MORENA se vea reflejada en un cambio verdadero, y profundo.

P.D. Aparte de corrupto, el gobierno del nuevo amanecer también es señalado de nepotismo. Vaya decepción.

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