Descentralizar, sí o no: Algunos ven beneficios en plan de AMLO, otros ven más caro el caldo…

Por Efrén Flores

Andrés Manuel López Obrador tiene planeado descentralizar al país, mandando al menos una dependencia federal a cada una de las entidades federativas; actualmente, la mayor parte de esas instituciones se concentra en la Ciudad de México. Con esta medida busca generar un desarrollo socioeconómico homogéneo y mejorar el desempeño institucional.

Para demógrafos, urbanistas, economistas y politólogos consultados, la descentralización es un mecanismo efectivo y adecuado para tratar de reducir la brecha de desigualdad en México. Generaría desarrollo económico; potenciaría ciudades; mejoraría la representación local y los procesos administrativos; impulsaría comunidades de conocimiento y también podría sacar adelante a los sectores más vulnerables del país.

No obstante, la tarea trae consigo complicaciones. El primer muro a vencer es la resistencia de los trabajadores del Estado para mudarse (podría partir familias, dicen) y los millones de pesos que implica la mudanza de oficinas y empleados. Luego estaría el problema de adecuar la locación [necesidades de logística e infraestructura, por ejemplo], además de incluir en el proceso a las comunidades locales, ya que de lo contrario generaría un proceso generalizado de deterioro del proyecto y un clima de inseguridad y de violencia, explicaron.

La descentralización institucional propuesta por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es una “muy buena estrategia” para generar desarrollo en distintos puntos del territorio nacional. Pero trasladar cuando menos una dependencia federal a cada una de las 32 entidades federativas, de manera paulatina y a lo largo de un sexenio, es una jugada “disruptiva” que incluso puede generar conflictos sociales, dijeron demógrafos, urbanistas, economistas y politólogos consultados.

López Obrador planea acabar con la concentración de instituciones gubernamentales en la Ciudad de México, donde según su Proyecto de Nación 2018-2024, está concentrado el 80 por ciento de los 3 millones de personas que laboran en 18 secretarías de Estado y 299 entidades de gobierno.

La descentralización tiene dos objetivos principales. “Que haya crecimiento parejo en todos los estados de la República” (porque reactivaría la economía regional con la reubicación de empleos y generación de nuevas plazas) y que los diversos trámites administrativos “sean más eficientes” (ya que las dependencias estarían localizadas en puntos estratégicos del país, considerando la relación entre las necesidades locales y la función operativa de la institución), refirió AMLO el año pasado.

De manera paralela, el plan incluye revertir el “exacerbado centralismo” que también causa que “muchas instituciones y empresas privadas de múltiples sectores” se concentren en la capital del país, “para mantenerse cerca de las dependencias correspondientes a su sector, o por intereses y necesidades de gestión”, explica su proyecto.

En la opinión del doctor Manuel Ordorica Mellado, especialista en demografía del Colegio de México (Colmex), la cantidad de población que será movilizada “no es importante” en comparación con el tamaño de las poblaciones receptoras (de entre 100 mil y 1.5 millones de habitantes). La importancia de la descentralización radica en que “puede ser un detonante del desarrollo social de las ciudades intermedias” –donde la pobreza afecta, en promedio, a la tercera parte de sus habitantes– y un generador de “equilibrio poblacional y de las condiciones socioeconómicas” regionales, abundó.

La “detonación demográfica” será trascendental, sobre todo, si se consolida en la zona fronteriza (importante por sus actividades comerciales e industriales) y en la zonas costeras (que podrían aumentar la productividad nacional). Pero si logra tener un efecto en las “zonas dispersas que hay en el país” –que incluye 200 mil localidades pequeñas, algunas con menos de 500 habitantes y con población indígena– habría la posibilidad de unir y equilibrar a México con la “atracción e impulso de otras actividades e instancias” (como la salud, la educación, la infraestructura y el trabajo), dijo el también ex directivo del Consejo Nacional de Población (Conapo).

Para lograrlo, el político tabasqueño propone iniciar con un presupuesto de 22 mil 805 millones de pesos para financiar estudios de viabilidad regional, de infraestructura, de mercados inmobiliarios, económicos (para la inversión), entre otros. No obstante, esta sería sólo la punta del iceberg, ya que el costo de trasladar instituciones y mover a cientos de miles de trabajadores será, “por mucho, mayor”, explicaron los analistas consultados por SinEmbargo.

Aún no hay claridad con respecto a la procedencia de los fondos para la descentralización institucional. Aunque el proyecto del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) plantea hacer uso de fideicomisos de inversión y bienes raíces (o fibras), lo que implicaría fondos de capital de riesgo (inversión temporal privada) en lugar de más endeudamiento (a través de préstamos).

La descentralización “sería uno de los mecanismos” para tratar de reducir la brecha de desigualdad, comentó Kristobal Miguel Meléndez Aguilar, especialista en cuentas subnacionales del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). Pero debido a las condiciones económicas particulares de cada entidad y a la diferencia de magnitud presupuestaria de las dependencias de gobierno, “algunos estados continuarán teniendo mayor representación en la distribución de recursos federales”, advirtió.

Reducir la desigualdad, por tanto, “dependerá de los instrumentos y su aplicación en cada entidad”, concordó el doctor Oscar Alejandro Terrazas Revilla, investigador en Estudios Urbanos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Azcapotzalco.

Para el urbanista, el reto de la descentralización es del Gobierno federal y también de los estados, “porque de ellos dependerá si esto resulta en una catástrofe porque no supieron resolver la demanda que se genere [requerimientos de suelo, de infraestructura, de servicios, etcétera], o si se convierte en una ventaja competitiva”.

En ese sentido, recordó que en la década de los ochenta hubo una propuesta similar que “no prosperó”. Primero por la oposición de la gente para mudarse; luego debido a “problemas por los recursos requeridos”. Al final de ese proceso, sólo una dependencia fue trasladada de la capital del país a la ciudad de Aguascalientes: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 1985, que demostró que, sin importar su locación, “puede cumplir bien con su papel” y volverse un “centro de dinamismo social”.

El problema de México, expresó el doctor Ordorica Mellado, no sólo ha sido la falta de concretar proyectos de descentralización como los de los años cincuenta, setenta y ochenta -con planes para trasladar los excedentes de población del altiplano a las zonas costeras, reducir la fecundidad y evitar flujos migratorios hacia las zonas metropolitanas– sino también, la falta de planeación estratégica en materia de desarrollo regional, que debió de actuar, en todo momento, junto con las políticas económicas y sociales.

SinEmbargo

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