Que devuelvan las entradas

Por: Francisco Flores Legarda

VI El Enamorado … te invito a meditar sobre una piel de trigre…

Un tercer debate indigestible, diseñado para el tijereteo de los tiempos y, en consecuencia, de los moderadores. Un eje rector -economía y desarrollo- tan segmentado que no logró transiciones lógicas entre los subtemas. Los candidatos presidenciales pusieron mucho de su parte, insistiendo en el juego actancial que se autoasignaron desde el primer debate: Jaime Rodríguez Calderón como el payaso; José Antonio Meade como el burócrata; Ricardo Anaya Cortés como el pendenciero; y López Obrador como el taumaturgo.

La ocasión pintaba para hacer un balance de la apertura comercial y sus consecuencias en la desigualdad, la inseguridad, el deterioro ambiental, el déficit en la calidad de la educación y, por supuesto, la imparable corrupción. Ni siquiera se detuvieron a mencionar la informalidad, la precarización del trabajo. Dando a entender que la economía está bien, lo único que ha fallado son los sucesivos gobiernos y los políticos. En ningún momento se habló sobre las responsabilidades de la iniciativa privada, de los sindicatos, de las organizaciones de profesionales y de la sociedad civil.
Pero se inhibió hacer un juicio certero sobre el modelo económico. Se trató, a fin de cuentas, de ocultar la realidad, embadurnarla con programas salvíficos y los debatientes compitieron por ver quién era más mesiánico, hasta se llegó a encomendarle a la tecnología tal papel. A toda costa se negaron a representar el drama “neoliberal” para cautivar al espectador. Se optó por llevar a escena una comedia para la tristeza de la audiencia.

Uno pagó con su tiempo y paciencia para que le administraran un producto de mala calidad y repetitivo, por añadidura. Excepcionalmente una persona ve tres veces una misma puesta en escena con el mismo reparto. Lo único que cambio fue la tramoya y los periodistas.

Por todo ello reclamo: ¡Que devuelvan las entradas!

Salud y larga vida.

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